Una zona que se ha hundido, adelgazado o ha perdido volumen; y otra donde, en cambio, sobra tejido. La idea del lipofilling une justamente esas dos situaciones: se toma grasa de un lugar del cuerpo, se procesa y se traslada a donde hace falta. Como se emplea el propio tejido de la persona y no un material ajeno, la mayoría de los pacientes percibe este método como algo más natural.
Ahora bien, la grasa no es un relleno fijo que sale de la jeringa y queda instalado sin más. Es un tejido vivo: necesita prenderse en su nuevo emplazamiento, nutrirse y consolidarse. De ahí nace el aspecto que más se malinterpreta del lipofilling: una parte de la grasa inyectada la reabsorbe el organismo durante los primeros meses. El propósito de este texto es explicar el método sin adornos, distinguir lo realista de lo exagerado y aclarar para quién resulta adecuado y para quién no.
A continuación encontrará cómo se realiza el lipofilling, en qué zonas puede aplicarse, de qué depende su permanencia, cómo transcurre la recuperación y qué riesgos conviene hablar con franqueza. La meta es que llegue a una consulta con información suficiente para plantearle a su cirujano las preguntas correctas.

¿Qué es el lipofilling?
El lipofilling —también llamado inyección o transferencia de grasa— consiste en tomar tejido graso del propio cuerpo de la persona, procesarlo e inyectarlo en otra zona. En la literatura médica aparece como injerto graso autólogo; el término «autólogo» indica que el tejido procede del propio paciente y no de un donante.
El procedimiento tiene tres fases, y cada una influye de forma directa en el resultado:
- Extracción de la grasa (cosecha): se recoge grasa de una zona donde suele ser abundante —abdomen, cintura, cara interna del muslo o espalda— con cánulas finas y baja presión. El objetivo es obtener las células sin dañarlas.
- Procesamiento: la grasa extraída se separa de la sangre, los líquidos y las células dañadas. Mediante centrifugación o filtrado se obtienen células grasas puras y viables.
- Inyección: la grasa preparada se coloca en la zona receptora con cánulas finas, en múltiples túneles pequeños y en capas delgadas. Esa lógica de «poco en muchos puntos» es clave para que cada célula pueda nutrirse del tejido que la rodea.
El punto esencial es este: la grasa trasplantada perdura en la medida en que logra establecer conexión con vasos sanguíneos en su nuevo lugar. Por eso importa tanto cómo se coloca la grasa como la cantidad que se coloca.
El lipofilling se emplea tanto en aumentos de volumen que exigen un ajuste fino en el rostro como en modelados de mayor volumen en el cuerpo. Que un mismo método sirva para cosas tan distintas se debe a la versatilidad del propio tejido.
¿En qué zonas puede aplicarse el lipofilling?
La transferencia de grasa puede plantearse en casi cualquier zona con déficit de volumen. Las áreas donde se aplica con más frecuencia son:
- Rostro: con la edad, las bolsas de grasa del rostro se reabsorben y la cara se hunde. Los pómulos, las sienes, el surco bajo los ojos, las mejillas y la línea mandibular pueden reforzarse con inyección de grasa. En el rejuvenecimiento facial, el lipofilling se usa solo o como complemento de un lifting.
- Labios: es posible aumentar el volumen de los labios con la propia grasa; en cuanto a permanencia y sensación, sigue un camino distinto al del relleno de ácido hialurónico.
- Mama: se recurre a la transferencia de grasa en pacientes que buscan un aumento de volumen moderado y no desean prótesis, o para suavizar irregularidades del borde en una mama con implante. Sus límites y su previsibilidad son un tema aparte.
- Glúteos (Brazilian Butt Lift): la inyección de grasa en los glúteos es una de las aplicaciones corporales más conocidas para ganar volumen y forma; es también la zona cuyo perfil de riesgo debe tratarse con mayor cautela.
- Dorso de la mano: puede inyectarse grasa en el dorso de la mano para disimular las venas y los tendones que se marcan con el envejecimiento.
- Cicatrices hundidas y deformidades: las depresiones que quedan tras una cirugía o un traumatismo, y la pérdida de volumen bajo la piel, pueden rellenarse con transferencia de grasa.
El volumen aplicado varía mucho según la zona: en el rostro se trabaja con unos pocos mililitros, mientras que en los glúteos pueden trasladarse cientos de mililitros. Esa diferencia de escala cambia tanto la técnica como los riesgos.
¿Qué diferencia hay entre el lipofilling y el relleno de ácido hialurónico?
Son los dos métodos que los pacientes confunden con más frecuencia. Ambos añaden volumen a una zona, pero el parecido termina ahí.
El relleno de ácido hialurónico es la inyección de un gel ya preparado con una aguja. Se hace en consulta, en unos minutos, y el resultado se ve al instante. Sin embargo, el cuerpo va descomponiendo ese gel con el tiempo; según la zona y el producto, su efecto suele durar entre unos meses y unos años, y luego hay que repetirlo. Una ventaja importante es que, si no gusta o surge un problema, puede disolverse con una enzima específica.
El lipofilling, en cambio, es un procedimiento quirúrgico. Como requiere extraer grasa, necesita condiciones de quirófano, una anestesia adecuada y una recuperación más larga. A cambio, las células grasas que prenden con éxito son duraderas; no hay que renovarlas cada año. Otra diferencia es que, en la zona de donde se toma la grasa, se consigue al mismo tiempo un afinamiento: ofrece esa ventaja de «quitar de un sitio para poner en otro».
En resumen: el relleno es rápido y reversible, pero temporal; el lipofilling es una intervención mayor, con menor previsibilidad, pero la parte que prende permanece. Cuál conviene depende de la zona a tratar, del volumen deseado y de si la persona dispone de grasa suficiente para extraer.
¿Quién es buen candidato y quién no?
Para el lipofilling se buscan dos condiciones básicas: una zona receptora a la que aportar volumen y suficiente tejido graso en la zona donante. En personas muy delgadas la grasa disponible es limitada, por lo que a veces resulta difícil alcanzar el volumen deseado.
En términos generales, el perfil de un buen candidato es este:
- Quien tiene un estado de salud compatible con la cirugía y con una anestesia adecuada.
- Quien dispone de grasa suficiente para cosechar en su cuerpo.
- Quien mantiene expectativas realistas y acepta que el resultado puede presentar cierta variabilidad.
Algunas situaciones, en cambio, aplazan el procedimiento o modifican el plan:
- Tabaquismo. Fumar altera la irrigación del tejido y perjudica directamente que la grasa trasplantada prenda. La mayoría de los cirujanos pide dejarlo al menos 3 o 4 semanas antes.
- Diabetes no controlada, trastornos de la coagulación o infección activa, y otros cuadros que aumentan el riesgo quirúrgico.
- Un plan próximo de pérdida importante de peso. Un cambio de peso marcado puede modificar el volumen de la grasa trasplantada, así que planificar cerca del peso estable da un resultado más fiable.
- Un nódulo mamario no evaluado o un hallazgo dudoso en las imágenes. Si se plantea una transferencia de grasa a la mama, primero se completa el estudio de salud mamaria.
- Expectativas poco realistas. Esperar «el volumen exacto y definitivo en una sola sesión» choca con el hecho de que parte de la grasa puede reabsorberse; en esos casos el riesgo de insatisfacción es alto.
La decisión sobre la idoneidad solo se toma tras una exploración. Ningún texto, fotografía ni llamada telefónica sustituye la exploración física y la valoración del médico.
Consulta y planificación
La primera consulta está entre las etapas que más determinan el éxito del procedimiento. Allí el cirujano valora dos zonas a la vez: la donante, de donde se tomará la grasa, y la receptora, adonde se trasladará.
Al evaluar la zona donante se estudian la cantidad y la distribución de grasa; el abdomen, la cintura, la cara interna del muslo y la espalda son las áreas más elegidas. En la zona receptora se tienen en cuenta cuánto volumen se necesita, el estado de la piel y del tejido, y la posición de las estructuras vecinas.
En esa conversación conviene tratar con claridad varios puntos:
- Todos los medicamentos que toma —en especial anticoagulantes, preparados hormonales y los suplementos de herbolario que usa con regularidad— deben declararse por completo.
- Se pregunta por el consumo de tabaco y alcohol, por su efecto sobre la cicatrización.
- Se registran las cirugías previas y, si las hay, las enfermedades crónicas.
Según la edad y el perfil de riesgo, se solicitan análisis de sangre y una valoración anestésica. Si se planea una transferencia a la mama, en esta fase se completa el estudio de imagen mamaria.
Un asunto que surge a menudo en la planificación es la posibilidad de más de una sesión. Como parte de la grasa puede reabsorberse, sobre todo en zonas donde se busca mucho volumen, a veces hace falta una segunda sesión para llegar al resultado deseado. Hablarlo desde el principio permite planificar el proceso de forma realista.
Opciones técnicas y comparación
La lógica de fondo del lipofilling es la misma en cualquier zona: extraer, procesar, colocar. Pero la forma de procesar la grasa y la escala de la zona receptora cambian la técnica. La tabla siguiente compara a grandes rasgos las zonas más tratadas; los valores exactos varían según la persona y el criterio del médico.
| Lipofilling facial | Transferencia a la mama | Glúteos (BBL) | |
|---|---|---|---|
| Volumen habitual | Unos pocos mL (por zona) | Volumen medio | Volumen alto |
| Anestesia | Local + sedación o general | Generalmente general | Generalmente general |
| Duración | Alrededor de 1-2 horas | 1,5-3 horas | 2-4 horas |
| Objetivo principal | Volumen fino, rejuvenecimiento | Aumento moderado, corregir irregularidades | Aportar volumen y forma |
| Previsibilidad | Relativamente alta | Media | Media |
| Riesgo destacado | Irregularidad, asimetría | Necrosis grasa, calcificación | Embolia grasa (grave; se reduce con la técnica) |
| Vuelta al trabajo | 5-7 días | 7-10 días | 10-14 días |
Para procesar la grasa se usan métodos distintos —centrifugación, filtrado, lavado—, siempre con el fin de obtener células viables y puras. En algunos centros la grasa se fragmenta en partículas más finas antes de inyectarla (técnicas como el microlipofilling) para emplearla en zonas superficiales y delicadas. Qué método se elige depende del objetivo y es una decisión del médico.
En la aplicación en glúteos hay un detalle particular de seguridad: la grasa se coloca solo en la capa por encima del músculo, sin penetrar en su interior y con apoyo de ecografía para hacerlo de forma más segura. Ese detalle técnico sirve para reducir la probabilidad de una complicación grave que se aborda más abajo, en el apartado de riesgos.
¿Cómo transcurre el día del procedimiento?
Según su alcance, el procedimiento se realiza con anestesia local y sedación o con anestesia general. Un aumento de volumen limitado en el rostro puede hacerse con sedación, mientras que las aplicaciones de gran volumen, como mama y glúteos, suelen requerir anestesia general.
Antes de la intervención, el cirujano dibuja de pie los límites de la zona donante y de la receptora. Esos trazos son el mapa del procedimiento. Después se cosecha la grasa con cánulas finas; la grasa recogida se procesa, se prepara para la inyección y se coloca en la zona receptora en numerosos túneles delgados.
La duración oscila entre 1 y 4 horas según la zona tratada y el volumen. Al despertar tendrá puntos de entrada tanto en la zona de la que se extrajo la grasa como en la receptora, y, si procede, una faja o un vendaje específico. Como la zona donante ha pasado en realidad por una liposucción de pequeño calibre, en los primeros días también es esperable sensibilidad y hematomas en ese lugar.
Las aplicaciones faciales de poco volumen suelen terminar en alta el mismo día; en aplicaciones corporales más amplias puede preferirse una noche de observación. Al recibir el alta debe acompañarle alguien y no conviene conducir durante las primeras 24 horas.
Calendario de recuperación semana a semana
Primeras 72 horas. Es el periodo en que el edema y los hematomas son más marcados, tanto en la zona donante como en la receptora. La zona receptora se ve, los primeros días, más llena de lo que quedará; es el efecto del edema y de la grasa sobrante que se reabsorberá, no el resultado final. Es especialmente importante no ejercer presión sobre la zona receptora, porque las células recién instaladas aún son frágiles.
Primera semana. La hinchazón disminuye poco a poco, aunque sigue siendo evidente. Los hematomas empiezan a cambiar de color. Quien trabaja de oficina puede volver al final de esta semana, según la zona y la amplitud del procedimiento. En la aplicación en glúteos, la restricción para sentarse se cumple con rigor en este periodo.
Segunda semana. Se resuelve buena parte del edema y los puntos de entrada se cierran en gran medida. Se retoman las actividades ligeras del día a día. Levantar peso y los movimientos exigentes siguen restringidos.
Cuarta semana. Suele permitirse el ejercicio a ritmo de caminata. En este periodo el aspecto de la zona empieza a acercarse al resultado, pero una parte de la grasa aún está reabsorbiéndose; es decir, el volumen que ve no es el definitivo.
Tercer mes. El proceso de reabsorción está en gran parte completado. La grasa que ha prendido ya se considera permanente, y el volumen que se aprecia en este momento se acerca bastante al resultado a largo plazo. La sensibilidad y la sensación de irregularidad en la zona donante también remiten de forma notable hasta este punto.
Sexto mes. Tanto la zona receptora como la donante adquieren su forma definitiva. La decisión sobre si hace falta una segunda sesión suele tomarse con la valoración de este periodo.
Este calendario es un marco medio. La zona tratada, el volumen y la velocidad de recuperación de cada persona pueden adelantar o retrasar el proceso; su médico actualiza el calendario exacto en las revisiones.
¿Es permanente el lipofilling? ¿Cuánta grasa queda?
Esta es la pregunta que más hacen los pacientes y sobre la que más información errónea circula; por eso merece un apartado propio.
La realidad es que no toda la grasa trasplantada permanece. Las células que consiguen establecer una conexión con vasos sanguíneos en su nuevo lugar se vuelven permanentes, mientras que una parte que no logra nutrirse la reabsorbe el organismo durante los primeros meses. La proporción reabsorbida varía según la persona, la zona y la técnica, así que no sería correcto dar un único porcentaje cerrado. Por eso los cirujanos suelen colocar algo más de grasa de la buscada: ese «margen de reabsorción» se calcula desde la planificación.
Lo importante es esto: la grasa que sigue en su sitio al cabo de 3 a 6 meses se considera permanente. Es decir, una vez que ha prendido, esas células siguen viviendo en esa zona. En este aspecto, el lipofilling se distingue de los rellenos temporales que exigen repetición periódica.
Ahora bien, «permanente» no significa «inmutable». Las células grasas que prenden se comportan como el resto del cuerpo: si gana peso, esa zona también se llena algo; si adelgaza, se afina. Además, el envejecimiento y la gravedad afectan a esta zona con el tiempo, igual que a los demás tejidos. Por eso la estabilidad de peso contribuye directamente a conservar el resultado.
El número de sesiones necesarias también depende de esto. Las aplicaciones faciales de poco volumen suelen bastar en una sola sesión, mientras que en zonas donde se busca gran volumen puede planificarse una segunda para alcanzar la plenitud deseada. Eso no es un fracaso, sino parte de la naturaleza del método.
Riesgos y complicaciones
Ningún procedimiento quirúrgico está libre de riesgos, y el lipofilling tampoco. Lo que sigue no aparece en la mayoría de los pacientes, pero puede aparecer. La decisión de operarse debe tomarse con esta información delante.
Situaciones frecuentes y transitorias. La hinchazón, los hematomas y la sensibilidad tras el procedimiento son esperables tanto en la zona donante como en la receptora y remiten en unas semanas. En la zona receptora puede notarse una firmeza pasajera.
Reabsorción y pérdida de volumen. Que se reabsorba una parte de la grasa es más el curso natural del método que una complicación; sin embargo, una reabsorción mayor de lo previsto puede dejar volumen insuficiente y obligar a una sesión adicional.
Irregularidad y asimetría. Si la grasa no se distribuye de forma homogénea, pueden aparecer depresiones o relieves en la superficie de la piel, o una diferencia de volumen entre ambos lados. Las irregularidades pequeñas pueden suavizarse con el tiempo; las marcadas pueden requerir corrección.
Necrosis grasa. Las células que no logran nutrirse pueden endurecerse y formar nódulos palpables. En la mama, en particular, esos nódulos pueden verse en las imágenes y, cuando hace falta, se pide un estudio adicional para diferenciarlos de un cáncer de mama. Es una característica de la transferencia de grasa a la mama que conviene conocer de antemano.
Calcificación. Con el tiempo pueden formarse calcificaciones en algunas zonas de necrosis grasa, lo que también requiere valoración en las pruebas de imagen.
Infección y sangrado. Como en toda cirugía, son posibles la infección, el hematoma (acumulación de sangre) y los problemas de cicatrización; el tabaco aumenta estos riesgos de forma notable.
Embolia grasa. Sobre todo en la inyección en glúteos, es una complicación rara pero grave que puede producirse si la grasa entra por error en un vaso de gran calibre. Para reducir ese riesgo, el abordaje estándar hoy consiste en colocar la grasa en la capa por encima del músculo —no dentro de él—, con apoyo de ecografía y una técnica de cánula correcta. Que esta zona exija ese cuidado especial muestra la importancia de realizarla en manos experimentadas y con el equipamiento adecuado.
Riesgos ligados a la anestesia general. Se aplican a las intervenciones realizadas bajo anestesia general y se abordan en la valoración preoperatoria.
Esta lista no pretende asustarle, sino formar parte de su proceso de decisión. Una selección adecuada del paciente, una técnica correcta y un seguimiento regular previenen la mayoría de estos riesgos o los detectan a tiempo. Aún así, ningún discurso que prometa «riesgo cero» o «resultado seguro» refleja la realidad.
¿Qué esperar a largo plazo?
La grasa que prende es permanente, pero el cuerpo sigue viviendo. Las oscilaciones de peso, el envejecimiento y la gravedad afectan con el tiempo a todos los tejidos, también a la grasa trasplantada. Ganar o perder peso de forma marcada puede provocar un cambio de volumen en la zona tratada; por eso la estabilidad de peso es el hábito más eficaz para conservar el resultado.
En las aplicaciones faciales, el resultado parece diluirse dentro del propio proceso natural de envejecimiento; es decir, la zona puede volver a perder algo de volumen con los años, pero de forma gradual y no repentina. En zonas como la mama y los glúteos, la forma se conserva durante mucho tiempo según la cantidad de grasa que haya prendido y la evolución del peso de la persona.
Las pacientes que se someten a una transferencia de grasa a la mama deben tener presente un punto a largo plazo: las zonas de necrosis grasa y calcificación pueden aparecer en las pruebas de imagen mamaria de los años siguientes. Por eso es importante informar al centro de imagen de su antecedente de transferencia de grasa, para una valoración correcta. Haber tenido una transferencia de grasa no exime del cribado de cáncer de mama que corresponde por edad.
Quedar o no satisfecho con el resultado depende en gran medida de lo realista que fuera la expectativa. Ver el lipofilling no como «un relleno mágico que se hace una vez y se olvida», sino como un método de aumento de volumen hecho con el propio tejido —con cierta dosis de imprevisibilidad, pero permanente cuando prende—, establece la expectativa adecuada.