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Ginecomastia

30.03.2019 11.07.2026 Prof. Dr. Hayati AKBAŞ 20 min de lectura
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Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Autor
Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Especialista en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.

Prof. Dr. Hayati AKBAŞ tiene muchos estudios científicos, artículos publicados en revistas científicas nacionales e internacionales, y muchos estudios científicos se presentan en congresos nacionales...

El hombre que no se quita la camiseta al meterse al mar, que evita el vestuario del gimnasio y que organiza su armario en función de qué prendas disimulan más: en muchos casos, detrás de esas costumbres hay un mismo motivo, el aumento de la zona pectoral. Esa condición, a la que en medicina llamamos ginecomastia, consiste en un desarrollo del tejido mamario mayor de lo habitual en el varón, y es bastante más frecuente de lo que se suele pensar.

Muchos hombres pasan años sin hablarlo con nadie. Y, sin embargo, la ginecomastia no es consecuencia de una falta de cuidado personal, ni tampoco algo que el ejercicio y la dieta siempre corrijan por sí solos. Una vez que el tejido mamario alcanza cierta madurez, no se reduce con entrenamiento, porque el problema no se limita a la grasa: hay tejido glandular de por medio.

La otra cara de la moneda es que se trata de una condición cuyo origen puede investigarse, cuyo grado puede definirse y que, en pacientes adecuados, admite tratamiento quirúrgico. En esta página recorremos el proceso completo —del diagnóstico a las técnicas de cirugía, del calendario de recuperación a los riesgos— con el tono de una conversación en la consulta.

Jinekomasti

¿Qué es la ginecomastia?

La ginecomastia es el crecimiento benigno del tejido propio de la glándula mamaria en el hombre. Se palpa justo debajo del pezón como un tejido firme, de consistencia gomosa, a menudo algo sensible al tacto. Lo habitual es que afecte a ambos lados, aunque puede aparecer en una sola mama o con una diferencia notable entre las dos.

Aquí conviene hacer una distinción importante, porque no todo aumento de la zona pectoral es ginecomastia verdadera:

  • Ginecomastia verdadera: el origen del aumento es el tejido glandular mamario. La glándula ha proliferado por efecto hormonal y no responde a la dieta ni al ejercicio.
  • Pseudoginecomastia (ginecomastia falsa): el aumento se debe únicamente al depósito de grasa. Es frecuente en hombres con sobrepeso y puede retroceder de forma marcada al perder peso, aunque a veces deja flacidez cutánea.
  • Tipo mixto: es el cuadro que más vemos en la práctica clínica. Coexisten tejido glandular y tejido graso, y el plan de tratamiento suele dirigirse a ambos componentes a la vez.

De qué tipo se trata se aclara en buena medida durante la exploración y, cuando hace falta, se confirma con una ecografía. La técnica que se elija depende directamente de esa distinción.

¿Por qué crece el pecho en el hombre?

En el fondo de casi toda ginecomastia hay la misma ecuación: un aumento relativo del efecto de los estrógenos frente al de la testosterona. Ese desequilibrio puede venir de los propios niveles hormonales o de fármacos y sustancias que alteran cómo actúan las hormonas sobre el tejido.

Ginecomastia fisiológica (natural)

Hay tres etapas de la vida en las que la ginecomastia aparece sin que exista enfermedad alguna:

  1. Periodo neonatal: por efecto de los estrógenos que pasan de la madre, una parte de los recién nacidos presenta un aumento mamario transitorio que desaparece solo en unas semanas.
  2. Pubertad: hacia los 12-14 años, más de la mitad de los chicos desarrolla algún grado de aumento mamario. La gran mayoría de estos crecimientos remite por sí solo entre los 6 meses y los 2 años.
  3. Edad avanzada: a partir de los 60 años, con el descenso de la producción de testosterona y el aumento del porcentaje de grasa corporal, la ginecomastia vuelve a hacerse más frecuente.

Fármacos y sustancias

Algunos protectores gástricos (sobre todo los antiácidos de generaciones anteriores), ciertos medicamentos para la tensión y el corazón, algunos antidepresivos, los antiandrógenos empleados en el tratamiento de la próstata y el consumo prolongado de alcohol pueden desencadenar ginecomastia. Merecen un apartado propio los esteroides anabolizantes del entorno del culturismo: parte de esos andrógenos administrados en dosis altas se convierte en estrógenos dentro del cuerpo, de modo que, buscando masa muscular, puede acabar creciendo el tejido mamario. Cuando la cirugía se realiza mientras el consumo de esteroides sigue activo, el riesgo de recidiva aumenta de forma notable; por eso se pide suspender estas sustancias antes de operar.

Enfermedades subyacentes

Con menor frecuencia, la insuficiencia hepática (cirrosis), la insuficiencia renal, las alteraciones de la función tiroidea, los trastornos del desarrollo testicular, cuadros genéticos como el síndrome de Klinefelter y los tumores testiculares o suprarrenales productores de hormonas pueden dar lugar a ginecomastia. Son posibilidades poco frecuentes, pero relevantes: por eso el proceso diagnóstico no consiste solo en “mejorar la imagen”, sino en buscar la causa.

Conviene dejar claro otro punto: en una parte importante de los pacientes todas las pruebas salen normales y no se encuentra una causa concreta. A eso se le llama ginecomastia idiopática y, por sí sola, no es motivo de alarma.

Grados de la ginecomastia (estadios)

Una de las clasificaciones más usadas para planificar la cirugía es la escala de Simon. La graduación tiene en cuenta tanto la cantidad de aumento como la presencia o no de exceso de piel:

Grado Descripción Abordaje habitual
Grado I Aumento pequeño, limitado a la zona del pezón; sin exceso de piel Liposucción o extirpación de la glándula por una incisión pequeña
Grado IIa Aumento moderado; sin exceso de piel Liposucción + extirpación de glándula por el borde de la areola
Grado IIb Aumento moderado; leve exceso de piel Liposucción + extirpación; se suele esperar que la piel se readapte sola
Grado III Aumento marcado con caída; aspecto que recuerda al pecho femenino Extirpación de glándula y grasa, más resección de piel (técnicas de reducción)

Esta tabla ayuda a situar de forma aproximada el propio caso; pero la estadificación definitiva y la elección de la técnica las hace el médico según los hallazgos de la exploración, la calidad de la piel y la proporción de glándula y grasa del tejido.

¿La ginecomastia desaparece sola o con medicación?

Es una de las preguntas más habituales, y la respuesta depende del momento.

La ginecomastia de la pubertad suele remitir por sí sola; por eso, en un adolescente en pleno desarrollo, la primera actitud casi siempre es observar. La del recién nacido es transitoria de entrada. En la ginecomastia por fármacos, cambiar el medicamento responsable bajo control médico puede detener el crecimiento —e incluso revertirlo— si se detecta a tiempo.

En cuanto al tratamiento con medicamentos: algunos fármacos que bloquean el efecto de los estrógenos sobre el tejido mamario pueden probarse, en pacientes seleccionados, durante la fase temprana y dolorosa de la ginecomastia, cuando el tejido todavía está blando y activo. Pasados unos 12 meses, en cambio, la glándula se vuelve fibrótica: se endurece y se hace estable. A partir de ahí, la probabilidad de que los fármacos consigan una regresión es baja, y en la mayoría de los pacientes la mejoría duradera solo llega con la cirugía. Ninguno de estos medicamentos es de uso por cuenta propia; la indicación y el seguimiento corresponden al médico.

En pocas palabras: no es realista esperar que una ginecomastia de más de un año, con tejido glandular firme y palpable, desaparezca con deporte, cremas o cambios en la alimentación.

¿Quién es candidato a la cirugía y quién no?

A grandes rasgos, el perfil que suele ser buen candidato para el tratamiento quirúrgico es este:

  • El aumento lleva estable al menos 12 meses (en la pubertad ese plazo se alarga).
  • El peso está razonablemente cerca del rango ideal y no hay oscilaciones importantes.
  • Se ha investigado la posible causa hormonal u orgánica y, de existir, se ha tratado primero.
  • No fuma o acepta dejarlo en torno a la cirugía.
  • Las expectativas son realistas: el objetivo no es “un pecho perfecto y completamente plano”, sino un contorno torácico masculino y natural.

En cambio, en estas situaciones la cirugía se pospone o se da prioridad a otra cosa:

  • Adolescentes en plena pubertad: operar cuando el aumento todavía puede remitir puede suponer una cirugía innecesaria. Hay excepciones, que tratamos aparte más abajo.
  • Consumo activo de esteroides anabolizantes: operar mientras continúa el consumo conlleva una alta probabilidad de recidiva.
  • Obesidad marcada: si predomina el componente de pseudoginecomastia, perder peso primero mejora el resultado y a veces evita la propia necesidad de cirugía.
  • Enfermedades sistémicas no controladas y trastornos de la coagulación: deben corregirse antes con el especialista correspondiente.
  • Masas unilaterales, duras, de crecimiento rápido o con secreción: este cuadro exige una valoración oncológica antes que cualquier plan estético.

La decisión se toma de forma individual en cada paciente según los hallazgos de la exploración; esta lista orienta, no es una receta.

¿Cuánto conviene esperar en la ginecomastia de la pubertad?

Cuando el aumento mamario empieza en la pubertad, la recomendación clásica es esperar hasta los 17-18 años —cuando el desarrollo óseo y hormonal está en gran parte completado— y, además, al menos 2 años desde el inicio del crecimiento, porque la mayoría de estos aumentos remite por sí sola. Ahora bien, hay excepciones: si el aumento es de grado avanzado (grado III), si no ha retrocedido en más de dos años y si supone una carga psicosocial importante para el joven —evitar el colegio, el deporte o las situaciones sociales—, la cirugía puede plantearse incluso antes de los 18, siempre con una valoración conjunta de la familia, la endocrinología infantil y la cirugía plástica.

Exploración y diagnóstico: a qué médico acudir y qué pruebas se piden

Ante la sospecha de ginecomastia, la primera consulta puede ser con cirugía plástica, reconstructiva y estética o con endocrinología. El circuito práctico suele ser este: el cirujano confirma la ginecomastia en la exploración y determina su tipo; si la historia o los hallazgos apuntan a una causa hormonal, se añade la valoración de endocrinología (y de urología si hace falta).

En la exploración, el médico valora el tejido situado bajo el pezón entre dos dedos: un tejido gomoso y discoide orienta hacia la glándula; una plenitud blanda y sin límites definidos, hacia un cuadro de predominio graso. La exploración testicular forma parte estándar de la valoración, porque, aunque sea infrecuente, hay que descartar causas hormonales de origen testicular.

Las pruebas que pueden pedirse varían según el paciente; un panel típico incluye:

  • Pruebas hormonales: testosterona total y libre, estradiol, LH, FSH, prolactina, TSH y beta-hCG.
  • Bioquímica: pruebas de función hepática y renal.
  • Imagen: ecografía mamaria (para diferenciar glándula de grasa y descartar masas); mamografía si hay hallazgos sospechosos; ecografía escrotal si la exploración testicular resulta anómala.

Que todas estas pruebas salgan normales es un resultado frecuente; en ese caso puede pasarse a la planificación quirúrgica sin necesidad de seguir buscando una causa subyacente.

Una vez decidida la operación, se hace una planificación con fotografías y se repasan, uno a uno, los medicamentos y suplementos que se toman. Se pide suspender, siempre con conocimiento del médico y alrededor de una semana antes, los fármacos y suplementos con efecto anticoagulante (aspirina, omega-3, vitamina E en dosis altas). A quienes fuman se les pide dejarlo al menos 2-4 semanas antes: el tabaco perjudica tanto la cicatrización de la herida como la readaptación de la piel.

Técnicas quirúrgicas: ¿liposucción, extirpación o ambas?

En la cirugía de la ginecomastia no existe una única operación estándar; según la composición del tejido y el estado de la piel se emplean tres abordajes principales y sus combinaciones.

1. Liposucción

A través de orificios de entrada de 3-4 milímetros alrededor del pecho, se aspira el tejido graso con cánulas finas. Junto a la liposucción tumescente clásica, pueden usarse sistemas que primero fragmentan la grasa con ultrasonidos (VASER) o con láser; se describe que los sistemas asistidos por energía pueden ofrecer ventajas en la grasa torácica densa y fibrosa y en pacientes en los que se busca una ligera readaptación de la piel. La liposucción por sí sola puede bastar en los casos de predominio graso (pseudoginecomastia), con poco componente glandular. Para los detalles generales de la técnica puedes consultar nuestra página específica.

2. Extirpación quirúrgica (resección de la glándula)

El tejido glandular firme no puede aspirarse con la cánula: hay que extirparlo. Para ello suele hacerse una incisión en semiluna de 2-4 centímetros en el borde inferior del anillo pigmentado que rodea el pezón (la areola), y por ahí se retira la glándula. Ocultar la incisión en el límite de la areola ayuda a que la cicatriz se difumine con el tiempo. Para que el pezón no se hunda, se deja una parte de la glándula como soporte por debajo de él; este es uno de los puntos finos de la técnica, el que equilibra el riesgo de recidiva con el de hundimiento.

3. Técnicas con resección de piel

En la ginecomastia de grado III o en el pecho que ha quedado descolgado tras una gran pérdida de peso, no basta con vaciar el contenido: también hay que retirar la piel sobrante. La resección se hace alrededor de la areola (periareolar) o, en casos más avanzados, a costa de cicatrices adicionales, y si es necesario se reposiciona el pezón. Es el grupo que más compromisos exige en cuanto a cicatrices, y precisamente por eso es el tema que hay que hablar con más franqueza con el paciente. En quienes se plantea un remodelado corporal tras una gran pérdida de peso, a veces el pecho, el abdomen y otras zonas se abordan dentro de un mismo plan.

Tabla comparativa

Solo liposucción Liposucción + extirpación Cirugía con resección de piel
Cuadro en el que encaja Predominio graso, piel elástica Tipo mixto (el escenario más frecuente) Grado III, caída, gran pérdida de peso
Incisión/cicatriz Orificios de entrada de 3-4 mm + 2-4 cm en el borde inferior de la areola + contorno de la areola y, si hace falta, líneas adicionales
Anestesia General o sedación Casi siempre general General
Duración media 1-1,5 horas 1,5-2 horas 2-3 horas
En cuanto a recidiva glandular Puede quedarse corta, al no retirar la glándula Baja, porque se extirpa la glándula Baja
Readaptación de la piel Se espera que sea espontánea Se espera que sea espontánea Se logra quirúrgicamente

Qué técnica o combinación conviene se decide en la exploración, valorando el tejido con la mano junto con los hallazgos de la ecografía. Incluso en dos pacientes con el mismo grado pueden salir planes distintos.

El día de la intervención, paso a paso

La operación se realiza en la mayoría de los casos bajo anestesia general; en las liposucciones limitadas, la sedación con anestesia local es también una opción. El anestesista te valora aparte antes del procedimiento.

Se llega por la mañana en ayunas (habitualmente se piden entre 6 y 8 horas). De pie, se hacen los trazados quirúrgicos sobre el pecho; que se dibujen de pie y no tumbado sirve para incluir en el plan el efecto de la gravedad. La cirugía dura, según su alcance, entre 1 y 3 horas. Al salir, la zona pectoral queda envuelta en una faja compresiva (chaleco de compresión); en algunos pacientes se colocan drenajes finos de silicona para evitar que se acumule líquido, y suelen retirarse en 1-3 días.

La mayoría de los pacientes recibe el alta esa misma tarde o a la mañana siguiente. Se pide volver a casa acompañado por alguien cercano y no pasar solo la primera noche.

Recuperación semana a semana

El calendario siguiente corresponde a una operación típica de liposucción + extirpación; en las cirugías grandes con resección de piel los plazos se alargan algo. La evolución de cada paciente es distinta; el programa que te dé tu propio médico siempre tiene prioridad.

Primeras 72 horas. Más que dolor, se describe una sensación de tirantez y presión; el dolor suele ser de leve a moderado y se controla con analgésicos sencillos. Las tres primeras noches se pide dormir boca arriba, con la cabeza y el tronco elevados unos 30-45 grados: dos almohadas o una almohada en cuña bastan. Se anima a caminar por casa desde el primer día, porque reduce el riesgo de coágulos.

Días 4 a 7. La mayoría de quienes trabajan sentados se reincorpora en este intervalo. El permiso para ducharse suele darse una vez retirados los drenajes y según la pauta de curas, hacia los días 2-4. Se pide no forzar los brazos por encima de la altura de los hombros y no cargar pesos de más de 3-4 kilos. La conducción se autoriza cuando estás en condiciones de usar los músculos pectorales ante una maniobra brusca, por lo general al final de la primera semana.

Semanas 2 a 3. Los hematomas se aclaran y baja lo más aparatoso de la hinchazón. En esta fase es posible volver de forma gradual a caminar a paso suave y a un cardio ligero centrado en el tren inferior. La faja se sigue llevando de día y de noche.

Semanas 4 a 6. En la mayoría de los protocolos la faja se usa entre 4 y 6 semanas en total; en las últimas puede pasarse a llevarla solo de día. A partir de la semana 4 suelen liberarse la carrera y el trabajo de peso del tren inferior, y a partir de la semana 6 el trabajo de fuerza de pecho, hombro y brazo (press de banca incluido). Para la natación y la piscina también se espera a esta fase, cuando las heridas están del todo cerradas.

Meses 3 a 6. Se resuelve el edema restante, los tejidos se ablandan y el contorno del pecho se asienta. Las cicatrices primero se enrojecen y luego empiezan a aclararse; su maduración puede llevar hasta 12 meses. Durante ese tiempo se pide no exponer la zona de la cicatriz directamente al sol y usar protección de factor alto al estar al aire libre. Opciones de cuidado de la cicatriz como el gel o las tiras de silicona pueden comentarse con tu médico.

El momento adecuado para valorar el resultado final no son las primeras semanas, sino el sexto mes. En la fase temprana es habitual tener la sensación de que “no ha cambiado nada” por culpa de la hinchazón, y casi siempre es engañosa.

Riesgos y posibles complicaciones

Como toda intervención quirúrgica, la operación de ginecomastia tiene riesgos. Conocerlos es la primera condición para no llevarse sorpresas:

  • Hematoma (acumulación de sangre): es la complicación precoz más frecuente; las acumulaciones pequeñas se reabsorben solas, las grandes pueden necesitar evacuación. Los drenajes y la faja sirven para reducir ese riesgo.
  • Seroma (acumulación de líquido): suele resolverse drenándolo con una jeringa.
  • Infección: es infrecuente; ante enrojecimiento, aumento del dolor y fiebre hay que consultar con el médico.
  • Cambios de sensibilidad en el pezón y su entorno: el adormecimiento o la hipersensibilidad son frecuentes y en la mayoría de los pacientes se corrigen en unos meses; en un grupo pequeño pueden ser permanentes.
  • Irregularidades del contorno, hundimientos o retracción del pezón: pueden aparecer si se retira tejido de más; a veces requieren una intervención de retoque.
  • Asimetría: cierto grado de asimetría natural existe en todo pecho; si queda una diferencia marcada, puede plantearse un retoque.
  • Problemas de cicatriz: las cicatrices se difuminan con el tiempo en la mayoría de los pacientes; sin embargo, según la predisposición individual, puede desarrollarse una cicatriz enrojecida y engrosada (hipertrófica o queloidea). Afirmar que “no queda ninguna cicatriz” no es realista; el objetivo es esconderla en el lugar menos visible.
  • Recidiva: si la glándula no se retiró por completo, si se gana peso de forma marcada o si continúan los desencadenantes hormonales o los esteroides, el aumento puede repetirse.
  • Riesgos ligados a la anestesia y, rara vez, coágulos (tromboembolia): caminar pronto y, en los casos que lo requieren, las medidas preventivas reducen el riesgo.

Las tasas de complicaciones varían según el estado general del paciente, el consumo de tabaco y el alcance de la operación. Los riesgos se comentan de forma personalizada en la consulta previa y quedan recogidos en el consentimiento informado por escrito.

Ginecomastia y cáncer de mama: lo que conviene saber

La ginecomastia es un crecimiento benigno y no es cáncer en sí mismo. El cáncer de mama en el hombre es una enfermedad poco frecuente, que supone alrededor del 1 % de todos los cánceres de mama. Aun así, conviene separar dos cuestiones.

La primera: algunos signos hacen pensar más en una masa que en ginecomastia y obligan a un estudio más profundo: una masa unilateral, dura, de bordes irregulares y situada lejos del centro del pezón; secreción sanguinolenta por el pezón; retracción o úlcera de la piel; o un ganglio palpable en la axila. Si aparece cualquiera de estos signos, la prioridad no es el plan estético, sino la valoración diagnóstica.

La segunda: en los hombres con síndrome de Klinefelter el riesgo de cáncer de mama es más alto que en la población masculina general; a quienes tienen ese diagnóstico se les recomienda vigilar más de cerca los cambios en la mama.

Enviar a estudio anatomopatológico el tejido glandular extirpado en la operación es la práctica estándar; así el tejido queda también evaluado al microscopio. Para quien le interese la vertiente reconstructiva de la cirugía sobre el tejido mamario, disponemos además de una página aparte.

¿El resultado es duradero? Qué esperar a largo plazo

El tejido glandular extirpado no vuelve a formarse; en ese sentido, la mejoría que aporta la operación es duradera en la mayoría de los pacientes. Ahora bien, no sería correcto decir “no volverá a crecer nunca”, porque el tejido restante y la piel del pecho siguen vivos:

  • Una ganancia de peso importante puede provocar que la zona pectoral vuelva a acumular grasa. Mantener el peso tras la operación es el pilar más importante para conservar el resultado.
  • Volver a los esteroides anabolizantes y sustancias similares puede reactivar el poco tejido glandular que quede y es una de las principales causas de recidiva.
  • Algunos fármacos de inicio reciente y los cambios del equilibrio hormonal con la edad pueden, en raras ocasiones, favorecer un nuevo crecimiento.

Cuando estas variables se mantienen bajo control, en la gran mayoría de los pacientes el contorno del pecho se mantiene estable con los años. En nuestro centro, el seguimiento posoperatorio suele planificarse con revisiones a la semana y al primer, tercer y sexto mes; ese programa se adapta a cada paciente.

Preguntas frecuentes sobre Ginecomastia

La gran mayoría de las ginecomastias que empiezan en la pubertad remite sola entre los 6 meses y los 2 años. En el adulto, no cabe esperar que desaparezca sola una ginecomastia de más de un año de evolución con tejido glandular ya endurecido.
En la fase temprana y activa (los primeros meses), en pacientes seleccionados y bajo control médico, pueden probarse fármacos que regulan el efecto hormonal. Cuando la ginecomastia lleva más de un año y se ha vuelto fibrótica, la probabilidad de éxito del tratamiento farmacológico es baja; la mejoría duradera suele requerir cirugía.
La recomendación general es esperar al menos 2 años desde el inicio del crecimiento y, a ser posible, hasta los 17-18 años, cuando el desarrollo se ha completado. Si el aumento es de grado avanzado y hay una afectación psicosocial importante, puede valorarse la cirugía antes, con una decisión conjunta de los especialistas implicados.
Según la clasificación de Simon, la más usada: grado I (pequeña, sin exceso de piel), grado IIa (moderada, sin exceso de piel), grado IIb (moderada, con leve exceso de piel) y grado III (aumento marcado con caída). A mayor grado, mayor tiende a ser la necesidad de retirar piel y la cantidad de cicatriz.
La cirugía plástica, reconstructiva y estética o la endocrinología son buenos puntos de partida. Suele pedirse un panel hormonal (testosterona, estradiol, LH, FSH, prolactina, TSH, beta-hCG), pruebas de función hepática y renal y una ecografía mamaria; según los hallazgos se añaden más estudios.
Dura entre 1 y 3 horas según su alcance. En la mayoría de los casos se usa anestesia general; en las liposucciones limitadas también es posible la sedación con anestesia local. La mayoría de los pacientes recibe el alta el mismo día o al día siguiente.
Se recomienda caminar suave desde los primeros días. Al cardio ligero se suele volver hacia las semanas 2-3, a la carrera en la semana 4 y al trabajo de fuerza de pecho, hombro y brazo por lo general en la semana 6. El calendario exacto lo fija tu médico según el alcance de la cirugía.
En la mayoría de los protocolos, entre 4 y 6 semanas en total: las primeras de día y de noche, y al final solo de día. La faja reduce la hinchazón y ayuda a que la piel se adhiera al nuevo contorno.
En la ginecomastia de predominio graso (la falsa), perder peso puede lograr una mejoría notable. En cambio, el tejido glandular de la ginecomastia verdadera no responde al ejercicio ni a la dieta; de hecho, en hombres que adelgazan y desarrollan la musculatura pectoral, la glándula puede hacerse aún más visible.
La ginecomastia es benigna y no se considera una condición que se transforme en cáncer. Ahora bien, si hay una masa dura unilateral, secreción sanguinolenta por el pezón, cambios en la piel o un ganglio en la axila, el estudio ampliado es imprescindible. En los hombres con síndrome de Klinefelter el riesgo es relativamente más alto; el tejido extirpado en la operación se envía siempre a estudio anatomopatológico.
Las entradas de la liposucción son puntos de 3-4 milímetros. En los casos en que se extirpa la glándula, la cicatriz del borde inferior de la areola se difumina con el tiempo en la mayoría de los pacientes al confundirse con el límite del color; aun así, no desaparece del todo y la cicatrización varía de una persona a otra. En las cirugías grandes con resección de piel las cicatrices son más largas, y eso se habla con claridad antes de operar.
Como el tejido glandular extirpado no vuelve a formarse, la recidiva no es frecuente. Aun así, una ganancia de peso importante, el consumo de esteroides anabolizantes o una nueva causa que altere el equilibrio hormonal pueden dar lugar a un nuevo crecimiento en el tejido restante. Controlar el peso y mantenerse lejos de los desencadenantes es decisivo para conservar el resultado. Si el aumento de la zona del pecho te condiciona desde la ropa que eliges hasta tu vida social, el primer paso no es autodiagnosticarte por internet, sino acudir a una consulta. Un diagnóstico correcto —verdadera, falsa o mixta; si hay o no una causa detrás— puede cambiar por completo la dirección del tratamiento. Hecha esa valoración, se comentan de forma concreta las opciones adecuadas para ti, los resultados esperables y los riesgos; la decisión, en cada paso, es tuya junto con la valoración del médico.

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