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Antes de la mamoplastia

30.03.2019 11.07.2026 Prof. Dr. Hayati AKBAŞ 19 min de lectura
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Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Autor
Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Especialista en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.

Prof. Dr. Hayati AKBAŞ tiene muchos estudios científicos, artículos publicados en revistas científicas nacionales e internacionales, y muchos estudios científicos se presentan en congresos nacionales...

La cirugía estética de mama no es el nombre de una sola operación, sino el paraguas bajo el que conviven tres necesidades muy distintas. Hay mujeres a quienes molesta un pecho pequeño o la pérdida de volumen; otras conviven con la caída que dejan el embarazo y la lactancia; y otras cargan desde hace años con un pecho voluminoso que les provoca dolor de espalda y cuello. En los tres casos la molestia empieza en la mama, pero las vías de solución, las técnicas quirúrgicas y los tiempos de recuperación no se parecen en nada.

Distinguir entre ellas importa, y mucho, para la paciente. Quien busca «cirugía de mama» en internet casi nunca sabe todavía qué operación encaja con su caso. Un pecho pequeño y caído a veces se resuelve solo con un implante, a veces solo con una elevación y a veces exige combinar ambas cosas. Esa decisión la da únicamente la exploración: ningún texto, ninguna foto y ninguna llamada telefónica sustituyen a un examen físico.

En esta guía abordamos las tres operaciones una por una: para quién están indicadas, en qué se diferencian las técnicas, cómo transcurre el día de la intervención, un calendario de recuperación semana a semana y los riesgos que conviene hablar con franqueza. La idea es que llegue a la consulta con la información suficiente para hacerle a su cirujano las preguntas correctas.

Meme Estetiği

Qué es la cirugía estética de mama y qué operaciones abarca

Dentro de la cirugía plástica, el epígrafe de estética mamaria reúne tres intervenciones básicas:

  • Aumento de mama (mamoplastia de aumento): incrementar el volumen mediante un implante de silicona o con el propio tejido graso de la persona.
  • Elevación de mama (mastopexia): reposicionar el tejido caído y el pezón a la altura que les corresponde; reconstruir la forma sin añadir volumen.
  • Reducción de mama: retirar el exceso de tejido, grasa y piel para reducir el tamaño y, a la vez, remodelar la mama.

Estas tres se confunden a menudo porque en una misma paciente pueden coexistir varios problemas. Un pecho pequeño y caído puede necesitar implante junto con elevación; en un pecho voluminoso, al reducir se remodela como parte natural del gesto quirúrgico. El aumento de la glándula mamaria en el varón es un capítulo aparte y se trata con técnicas diferentes. La reconstrucción tras una cirugía de cáncer de mama tampoco es estética: pertenece a la cirugía reparadora.

Quién es buen candidato y quién no

El marco general es parecido para las tres operaciones: se considera candidata a la persona que ha completado el desarrollo mamario, cuyo estado de salud permite la cirugía y cuyas expectativas son realistas. En Turquía, la edad mínima para la cirugía estética de mama es de 18 años; en el aumento, muchos cirujanos prefieren esperar a la franja de 18 a 20 años para que el desarrollo del pecho se asiente.

Hay situaciones que aplazan la intervención o cambian el plan por completo:

  • Embarazo y lactancia en curso. Tras el destete suele esperarse al menos 6 meses para que el pecho adopte su forma definitiva.
  • Un plan de pérdida de peso importante a corto plazo. Como una variación marcada de peso vuelve a alterar la forma de la mama, operar cuando se está cerca del peso objetivo da un resultado más fiable.
  • Diabetes no controlada, trastornos de la coagulación o infección activa, entre otros cuadros que aumentan el riesgo quirúrgico.
  • Un nódulo no estudiado o un hallazgo de imagen sospechoso en la mama. En ese caso se completa primero la valoración de cirugía general o de mama.
  • El tabaco no es una contraindicación absoluta, pero, porque perjudica la cicatrización y la circulación del pezón sobre todo en la elevación y la reducción, se pide dejarlo al menos 3 o 4 semanas antes de operar.

En la reducción el escenario es algo distinto: aquí la petición no suele ser solo estética, sino física. El dolor de hombros y espalda que provoca un pecho grande, las marcas que deja el tirante del sujetador, las rozaduras e infecciones por hongos que reaparecen bajo la mama y la sensación de peso que dificulta hacer deporte son los motivos típicos para plantear una reducción. En estas pacientes la operación tiene tanto de tratamiento funcional como de estético.

Conviene decirlo con claridad: cuando la expectativa es tan rígida como «el pecho de tal famosa» o «que quede igual que en la foto», el riesgo de insatisfacción es alto. La estética mamaria se construye sobre la propia caja torácica, la calidad de la piel y la cantidad de tejido de cada persona; el resultado toma forma sobre ese terreno.

Exploración y planificación: cómo se toma la decisión

La primera consulta es tan importante como la propia operación. En ese encuentro el cirujano valora varias cosas a la vez: la cantidad y distribución del tejido mamario, la elasticidad y el grosor de la piel, la posición del pezón sobre el tórax, la asimetría entre ambas mamas (casi todas las mujeres tienen algo de ella), la anchura de la caja torácica y la relación entre hombros y caderas.

El grado de caída es determinante en la decisión de elevar. Los cirujanos lo gradúan según la posición del pezón respecto al surco submamario: si el pezón está a la altura del surco, la ptosis es leve; si ha descendido por debajo, es moderada; si está cerca del punto más bajo de la mama, es avanzada. En las caídas leves a veces basta un implante para recolocar el conjunto; en las moderadas y avanzadas, la elevación se vuelve inevitable.

La segunda pata de la consulta es el cribado de salud. Junto con la analítica y la valoración anestésica, según la edad y el perfil de riesgo se solicita una ecografía o una mamografía. En pacientes con antecedentes familiares de cáncer de mama este estudio es especialmente importante; si aparece un hallazgo sospechoso, el plan quirúrgico se pospone y se completa antes la valoración de la especialidad correspondiente. Debe informar en esta cita, sin omitir nada, de los medicamentos que toma, en particular anticoagulantes, preparados hormonales y los suplementos de herboristería que consume con regularidad.

Si se plantea un aumento, la consulta incluye también una fase de medición y prueba. La anchura de la pared torácica se mide al milímetro y se prueban implantes de distintos volúmenes dentro del sujetador para que la paciente se haga una idea concreta. La respuesta a «¿cuántos centímetros cúbicos?» no sale de un catálogo, sino de estas mediciones.

La decisión nunca es unilateral. El cirujano expone lo que es anatómicamente posible, la paciente explica lo que espera y el plan se traza en la intersección de ambas cosas.

Opciones técnicas: comparación de las tres operaciones

Aumento de mama Elevación de mama Reducción de mama
Objetivo principal Ganar volumen Corregir la caída y dar forma Reducir volumen y dar forma
Duración de la cirugía 1-2 horas 2-3 horas 2,5-4 horas
Anestesia General General General
Estancia hospitalaria Normalmente el mismo día o 1 noche 1 noche 1 noche
Cicatriz 3-5 cm, en el surco submamario Alrededor de la areola ± cicatriz vertical En forma de piruleta o de T invertida
Vuelta al trabajo 5-7 días (trabajo de oficina) 7-10 días 10-14 días
Efecto sobre la lactancia Generalmente bajo Variable según la técnica Puede disminuir según la técnica

Opciones en el aumento de mama

El aumento tiene dos vías principales: el implante de silicona y la transferencia de grasa.

Los implantes de silicona se fabrican hoy con gel cohesivo, que mantiene la forma; el objetivo es que, aunque la cubierta se rompa, el gel no se disperse. En cuanto a la forma hay dos grandes grupos: redondos y anatómicos, también llamados de gota. Los redondos dan un relleno más marcado en el escote; los de gota imitan la curva natural de la mama y ofrecen un polo inferior más lleno con una transición más suave en el polo superior. Cuál elegir depende del tejido con el que parte la paciente y del aspecto que busca.

El plano donde se coloca el implante es otra de las decisiones clave de la operación:

  • Colocación por encima del músculo (subglandular): el implante se sitúa bajo el tejido mamario y sobre el músculo pectoral. La recuperación es más rápida y, en personas que hacen deporte, no aparece el problema de que el implante se mueva con la contracción del músculo. Ahora bien, en pacientes con poco tejido mamario los bordes del implante pueden hacerse visibles.
  • Colocación submuscular / dual plane: la parte superior del implante se coloca bajo el pectoral. En pacientes con poco tejido consigue una transición más natural en el polo superior y facilita valorar la mama en la mamografía. En las primeras semanas el dolor por la tensión del músculo es algo mayor.

La incisión se hace la mayoría de las veces en el surco submamario; esa cicatriz de 3 a 5 centímetros queda a la sombra del pliegue y tiende a disimularse con el tiempo. También es posible acceder desde el borde de la areola o desde la axila; la ventaja y el límite de cada vía se hablan en la consulta.

La transferencia de grasa (lipofilling) es una alternativa para quien no quiere implante y le basta con un aumento de volumen moderado. Se toma grasa del abdomen o la cintura, se procesa y se inyecta en la mama. Como el cuerpo reabsorbe una parte de la grasa transferida, el resultado es menos predecible que con un implante y a veces hace falta una segunda sesión.

Opciones en la elevación de mama

La técnica de elevación se decide según el grado de caída, y la técnica determina directamente la forma de la cicatriz:

  • Periareolar (alrededor del pezón): se emplea en caídas leves; la cicatriz queda solo alrededor del halo oscuro de la areola.
  • Vertical o de piruleta: en la caída moderada, a la cicatriz periareolar se suma una línea vertical que baja del pezón al surco.
  • T invertida (patrón de Wise): en la caída avanzada, a la cicatriz vertical se añade una horizontal a lo largo del surco submamario.

Lo que más frena a las pacientes son estas cicatrices, y el recelo se entiende. El cuadro realista es este: las cicatrices son permanentes, pero las líneas rojas y llamativas de los primeros 2 o 3 meses empiezan a aclararse a partir del sexto mes y, en 12 a 18 meses, en la mayoría de las pacientes se convierten en trazos finos de un tono cercano al de la piel. La calidad de la cicatriz depende del tipo de piel de cada persona, del tabaco y de los cuidados; apoyos como el gel de silicona o las tiras adhesivas pueden favorecer la evolución.

En mamas caídas con poco volumen, la elevación por sí sola no consigue un polo superior «lleno»; en estas pacientes puede plantearse colocar un implante junto con la elevación. Si ambos gestos se hacen en la misma sesión o en dos sesiones separadas es algo que el cirujano valora según la calidad del tejido.

Opciones en la reducción de mama

La reducción es, de las tres, la de técnica más completa, porque a la vez se retira tejido, se traslada el pezón a su nueva posición y se remodela el tejido restante. El patrón de cicatriz sigue la misma lógica que en la elevación: cuanto más tejido hay que quitar, más se pasa de la cicatriz en piruleta a la de T invertida.

Se emplean técnicas de traslado (técnicas de pedículo) que preservan la irrigación del pezón y, en lo posible, su sensibilidad; qué pedículo elegir depende del tamaño de la mama y del grado de caída. En mamas de predominio graso, además de la cirugía puede remodelarse con liposucción; así se afinan sobre todo los rellenos laterales que se desbordan hacia la axila.

En pechos muy voluminosos, el tejido extraído se envía a estudio anatomopatológico. Es un paso de seguridad rutinario y un detalle que la mayoría de las pacientes desconoce: la reducción permite además examinar el tejido mamario al microscopio.

Cómo transcurre el día de la intervención

Las tres operaciones se realizan bajo anestesia general, en un entorno hospitalario. Acude por la mañana en ayunas; el equipo de anestesia hace la última valoración y el cirujano completa el dibujo del plan sobre la mama con usted de pie. Ese trazado es el mapa de la cirugía y se hace siempre en bipedestación, porque al tumbarse la forma del pecho cambia por completo.

La duración varía entre 1 y 4 horas según la intervención. Al despertar llevará un sujetador quirúrgico especial o un vendaje elástico; en la reducción y en algunas elevaciones puede haberse colocado un drenaje fino que retira el líquido acumulado. Los drenajes suelen retirarse en 1 o 2 días.

En las primeras horas es habitual una sensación de presión y tensión en el pecho; en las pacientes con implante submuscular esa tensión es algo más marcada y se nota al respirar hondo. El dolor se controla bien en la mayoría de las personas con analgésicos pautados. La misma tarde se le pide que empiece a caminar; la deambulación precoz es la medida más sencilla para reducir el riesgo de trombos en las piernas.

La estancia hospitalaria es, en el aumento, normalmente el alta el mismo día o una noche, y en la elevación y la reducción, una noche. Al alta debe tener a alguien que la acompañe; durante las primeras 24 horas no debe conducir.

Calendario de recuperación semana a semana

Primeras 72 horas. Es el periodo más delicado. Las tres primeras noches se pide dormir boca arriba, con la cabeza y el tronco elevados entre 30 y 45 grados; esa postura reduce el edema. No debe levantar los brazos por encima de la altura de los hombros ni hacer movimientos de empuje o tracción. La ducha suele permitirse a partir del segundo o tercer día, según la pauta de curas y con el visto bueno del cirujano.

Primera semana. El edema y los hematomas están en su punto más visible; el aspecto de la mama en estos primeros días no refleja el resultado final. En pacientes con implante, el pecho al principio queda más alto y tenso de lo que quedará; la inquietud de «el implante está muy arriba» es frecuente en esta fase y casi siempre infundada: el implante se ablanda y baja a su sitio con las semanas. Quien trabaja de oficina puede reincorporarse al final de la semana.

Segunda semana. En la mayoría de las técnicas los puntos se reabsorben solos; si no lo hacen, se retiran esta semana. Se retoman las tareas domésticas más ligeras. Conducir se permite cuando note que un frenazo brusco no le supone esfuerzo y ya no necesita analgésicos, algo que en la mayoría de las pacientes ocurre a partir del séptimo o décimo día.

Cuarta semana. Se permite el ejercicio a ritmo de caminata. El sujetador quirúrgico se sigue llevando la mayor parte del día también en esta etapa; el uso total suele ser de 4 a 6 semanas. Levantar peso y las tareas que fuerzan los músculos del brazo siguen restringidas.

Sexta semana. En la mayoría de las pacientes se liberan por completo los deportes de tren inferior y, de forma progresiva, el ejercicio de tren superior. Los movimientos que trabajan directamente el pectoral (flexiones, press de banca) se posponen en las pacientes con implante submuscular, por lo general hasta la octava semana. El permiso para nadar, piscina y mar se concede en esta fase si la cicatrización se ha completado.

De 3 a 6 meses. El edema se resuelve en gran medida, la mama se ablanda y el implante recupera su movimiento natural. Las cicatrices pasan del rojo al rosa y de ahí a un tono apagado. Las pacientes de reducción suelen describir con claridad en esta etapa la disminución del dolor de espalda y hombros.

Al año. Es cuando se ve el cuadro más cercano al resultado en cuanto a forma y cicatriz. Las revisiones continúan a lo largo de todo este calendario a intervalos programados; el calendario de cada paciente lo actualiza el cirujano según su propio ritmo de recuperación.

Una nota práctica: el sol puede oscurecer las cicatrices de forma permanente durante los primeros 3 meses. Aunque tenga permiso para bañarse en el mar, conviene proteger las zonas de cicatriz al menos 6 meses con un protector solar de factor alto o con un bañador cerrado.

Riesgos y complicaciones

Ninguna intervención quirúrgica está exenta de riesgos, y la estética mamaria no es una excepción. Lo que sigue es infrecuente, pero posible; la decisión de operarse debe tomarse con esta información delante.

Riesgos comunes a las tres operaciones: sangrado y hematoma (acumulación de sangre en la zona operada, que a veces hay que drenar con un pequeño procedimiento), infección, apertura de la herida, cicatrices llamativas o abultadas (cicatriz hipertrófica o queloide), cambio transitorio o permanente de la sensibilidad del pezón, asimetría entre ambas mamas y los riesgos propios de la anestesia general. En quienes fuman, los problemas de cicatrización son notablemente más frecuentes.

Riesgos específicos del implante:

  • Contractura capsular: el cuerpo forma alrededor de todo implante una fina membrana; eso es normal. Que esa membrana se engrose, endurezca y comprima la mama es la contractura capsular. Produce dureza marcada, deformidad y a veces dolor. Las cifras publicadas varían según la técnica y el tiempo de seguimiento, pero puede aparecer con los años en una pequeña parte de las pacientes. En fases avanzadas puede ser necesario retirar la cápsula y sustituir el implante.
  • Rotura de la cubierta del implante: en los implantes modernos de gel cohesivo el gel tiende a no dispersarse; por eso la rotura suele ser silenciosa y solo se detecta mediante pruebas de imagen. Cuando se identifica, se recomienda cambiar el implante.
  • Desplazamiento o rotación del implante: sobre todo en los implantes anatómicos, la rotación puede provocar deformidad y requerir corrección.
  • BIA-ALCL: un tipo de linfoma muy poco frecuente asociado a los implantes de superficie texturada. Su signo típico es una hinchazón repentina y acumulación de líquido en la mama años después de la operación. Que sea raro no es motivo para desconocerlo; toda paciente con implante debe acudir a su médico ante este signo.

Riesgos específicos de la elevación y la reducción: alteración de la irrigación del complejo pezón-areola (infrecuente; puede provocar pérdida parcial de tejido), disminución de la capacidad de lactancia por afectación de los conductos, necrosis grasa (el tejido graso se endurece y forma nódulos palpables) y una nueva caída con el paso del tiempo.

Escribimos esta lista no para asustar, sino al contrario: para que forme parte de su proceso de decisión. Un equipo con experiencia, una selección adecuada de la paciente y un seguimiento regular previenen la mayoría de estos riesgos o los detectan pronto. Aun así, ningún discurso que prometa «riesgo cero» refleja la realidad.

Qué esperar a largo plazo: cómo estará todo dentro de 10 años

Los resultados de la estética mamaria son duraderos, pero el cuerpo sigue viviendo. La gravedad, el envejecimiento, las oscilaciones de peso y los embarazos modifican con el tiempo cualquier pecho, operado o no.

Para los implantes, la vieja regla del «cambio obligatorio cada 10 años» ya no rige en el enfoque actual. Un implante sin problemas no tiene por qué cambiarse solo porque se cumpla el plazo; a la vez, tampoco debe verse como un dispositivo que vaya a durar toda la vida. La revisión entra en juego cuando aparece una rotura, una contractura capsular o un cambio de forma. La recomendación práctica es el seguimiento regular: una revisión clínica anual y controles de ecografía o resonancia con la periodicidad que indique su médico permiten detectar pronto los problemas que avanzan en silencio.

En la elevación y la reducción, el tejido retirado no vuelve; pero el recorrido del tejido restante bajo la piel continúa. Ganar y perder mucho peso y nuevos embarazos pueden reiniciar la caída. Por eso, en pacientes que tienen previsto tener hijos en un futuro cercano, el momento de operar se habla aparte en la consulta; no hay un impedimento médico, pero la planificación marca la diferencia de cara a conservar el resultado.

La estabilidad del peso, el movimiento regular y llevar un sujetador que ajuste bien pueden sonar a algo trivial; y sin embargo son los tres hábitos que más contribuyen a conservar la forma conseguida.

El seguimiento de la salud mamaria también forma parte del largo plazo. Haberse puesto un implante o haberse hecho una elevación o una reducción no exime del cribado de cáncer de mama que corresponde por edad; al contrario, informar al centro de imagen del antecedente quirúrgico ayuda a elegir la técnica de estudio adecuada.

Preguntas frecuentes sobre Antes de la mamoplastia

Un implante sin problemas no tiene por qué cambiarse de forma automática al cumplir un plazo determinado; la «regla de los 10 años» no es una obligación vigente. El cambio se hace ante una rotura, una contractura capsular, una deformidad o si la paciente desea variar el tamaño. Lo esencial es la revisión regular y el control de imagen con la periodicidad que indique el médico.
En la mayoría de las pacientes, sí. Como el implante se coloca bajo las glándulas mamarias o bajo el músculo, no se interviene directamente sobre el sistema de producción de leche. Con las incisiones hechas alrededor de la areola la probabilidad de afectar los conductos es algo mayor; en quien planea dar el pecho, el lugar de la incisión puede elegirse teniéndolo en cuenta. Aun así, ninguna técnica garantiza la lactancia al cien por cien, algo que también ocurre en mujeres sin cirugía.
Es el engrosamiento de la membrana natural que el cuerpo forma alrededor del implante hasta el punto de comprimir la mama; produce dureza, cambio de forma y a veces dolor. Su frecuencia varía según la técnica, el tipo de implante y el tiempo de seguimiento; aparece en una pequeña parte de las pacientes, casi siempre a lo largo de los años. En fases avanzadas puede necesitar corrección quirúrgica.
El implante puede tapar una parte del tejido en la mamografía; por eso en las pacientes con implante se emplean técnicas de proyección especiales (maniobra de Eklund) y, cuando hace falta, se complementa el estudio con ecografía o resonancia. Basta con avisar de que lleva implante al pedir la cita. Los implantes no aumentan el riesgo de cáncer de mama; solo cambian la forma de planificar el método de cribado.
Según el grado de caída, la cicatriz queda solo alrededor del pezón, en la línea vertical que baja del pezón al surco (piruleta) o, además, en el surco submamario (T invertida). Al principio son rojas y llamativas; en 12 a 18 meses, en la mayoría de las pacientes, se transforman en trazos finos y apagados. La calidad de la cicatriz depende del tipo de piel y queda en zonas que cubre el sujetador.
En pacientes con poco tejido mamario, con más probabilidad de que se noten los bordes del implante, la colocación submuscular (o dual plane) da un resultado más natural y facilita la valoración en la mamografía. En pacientes con suficiente tejido, la colocación subglandular permite una recuperación más rápida. La decisión se toma midiendo el grosor del tejido y valorando el estilo de vida y el criterio del cirujano.
Para vuelos nacionales cortos suele recomendarse esperar de 5 a 7 días; en vuelos largos ese plazo puede alargarse a 10-14 días. El vuelo en sí no daña el implante; lo importante es no estar lejos de su médico si surge una complicación en la fase inicial. Para pacientes que vienen de otra ciudad o del extranjero, la fecha de regreso se habla desde el principio dentro del plan quirúrgico.
Depende de la técnica. Cuando se conserva parte de los conductos junto con el tejido que sostiene el pezón, la capacidad de lactancia se mantiene, parcial o totalmente, en la mayoría de las pacientes; pero en la reducción una parte de la red de conductos se ve afectada de forma inevitable y en algunas mujeres la cantidad de leche puede quedar corta. Si planea dar el pecho, dígalo sin falta en la consulta: la técnica puede elegirse en función de ello.
Para la cirugía con fines estéticos el límite inferior son los 18 años; en el aumento suele esperarse a los 18-20 para que el desarrollo del pecho se complete. No hay límite superior de edad: puede valorarse a cualquier paciente cuyo estado general permita la cirugía. Un crecimiento mamario excesivo durante la adolescencia (hipertrofia juvenil) es un cuadro médico que, además, se estudia desde el punto de vista hormonal.
Caminar suele permitirse a partir de la tercera o cuarta semana, y los deportes de tren inferior a partir de la sexta. Los movimientos que trabajan directamente el pectoral se posponen en las pacientes con implante submuscular, por lo general hasta la octava semana. El calendario exacto lo fija su médico según cómo evolucione la recuperación en las revisiones.
Los implantes modernos de gel cohesivo no «explotan» con la presión de la vida diaria; abrazar, tumbarse boca abajo o hacer deporte no los daña. La rotura de la cubierta suele ser silenciosa y se detecta mediante pruebas de imagen; como el gel mantiene la forma, tiende a no dispersarse por el cuerpo. Cuando se detecta una rotura, se recomienda sustituir el implante.
La mayoría de las pacientes con dolor de espalda, cuello y hombros por un pecho voluminoso describe un alivio claro de esas molestias tras la operación; las marcas del sujetador en el hombro y las rozaduras bajo la mama también suelen mejorar. Como el dolor puede tener otras causas, en la valoración previa se estudia en conjunto de dónde proceden esas molestias. La estética mamaria es un campo quirúrgico personalizado que exige una planificación distinta en cada uno de sus apartados: aumento, elevación y reducción. La información de esta página es de carácter general; qué método le conviene solo puede decidirse tras una exploración presencial y la valoración del médico. Hablar de sus dudas con un especialista en cirugía plástica en una consulta es el primer paso correcto.

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