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Cirugia de Oreja

30.03.2019 11.07.2026 Prof. Dr. Hayati AKBAŞ 20 min de lectura
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Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Autor
Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Especialista en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.

Prof. Dr. Hayati AKBAŞ tiene muchos estudios científicos, artículos publicados en revistas científicas nacionales e internacionales, y muchos estudios científicos se presentan en congresos nacionales...

En casi todas las fotos de clase hay un niño que se deja el pelo cubriendo las orejas. La adolescente que evita recogerse el moño los días de viento, el hombre que aplaza durante años cortarse el pelo muy corto… Las orejas prominentes rara vez son un problema médico: no afectan a la audición ni producen dolor. Pero por lo visibles que resultan y por las burlas que a menudo empiezan en la infancia, pueden condicionar durante mucho tiempo la relación que uno tiene con su propia imagen.

La cirugía que corrige las orejas separadas se llama otoplastia. Su objetivo es reducir la apertura de la oreja hacia afuera y reconstruir sus pliegues naturales; es uno de los procedimientos más antiguos y consolidados de la cirugía plástica. Cuando se planifica bien, el resultado suele ser natural y estable en el tiempo. Aun así, como toda intervención, tiene sus propias reglas, un momento adecuado y unos riesgos que conviene conocer.

En esta página abordamos la otoplastia como si estuviéramos en la consulta: por qué aparecen las orejas prominentes, a qué edad tiene sentido intervenir, si los métodos sin cirugía funcionan de verdad, qué técnicas existen y cómo avanza la recuperación semana a semana.

Kepçe Kulak Estetiği

¿Qué son las orejas prominentes y por qué aparecen?

Hablamos de orejas prominentes (u orejas «de soplillo») cuando el pabellón auricular queda más separado de la cabeza de lo habitual. Desde el punto de vista estético, hay tres situaciones anatómicas que, solas o combinadas, generan ese aspecto:

  • Un antihélix poco desarrollado: el pliegue en forma de «Y» que recorre la parte media de la oreja (el antihélix) está poco marcado, así que la mitad superior queda plana y se abre hacia afuera. Es la causa más frecuente.
  • Una concha profunda o ancha: cuando la depresión que rodea el conducto auditivo (la concha) está demasiado desarrollada, empuja toda la oreja desde la base y la proyecta hacia adelante.
  • Un lóbulo separado: es un detalle del que se habla menos, pero que influye directamente en el resultado; si se pasa por alto, la parte inferior de la oreja queda despegada.

En una oreja bien proporcionada, el ángulo entre el pabellón y la superficie de la cabeza ronda los 20-30 grados, y la distancia entre el punto más externo de la oreja y el cráneo suele ser inferior a dos centímetros. Cuando esos valores aumentan de forma clara, la oreja empieza a percibirse como «de soplillo».

El origen es fundamentalmente genético. Se debe a diferencias en cómo se plegó el cartílago auricular antes del nacimiento, y es habitual que en la misma familia haya varias personas con orejas parecidas. No tiene que ver con nada que hiciera la madre durante el embarazo ni con la postura en que se colocó al bebé: es una característica de la forma del cartílago con la que se nace. Tampoco guarda relación con la audición; las orejas prominentes afectan a la forma del oído externo, mientras que el oído interno y el mecanismo auditivo quedan al margen.

¿Qué es la otoplastia?

La otoplastia es la intervención en la que se remodela el cartílago de la oreja para acercarla a la cabeza y recrear los pliegues naturales que faltan. La incisión se esconde casi siempre en el surco natural que hay detrás de la oreja; por ahí se accede al cartílago y se le da la nueva forma mediante puntos, adelgazamiento del propio cartílago o ambas cosas.

El objetivo no es la simetría perfecta, porque en ninguna persona las dos orejas son exactamente iguales. La meta realista es que, de frente, las orejas se vean equilibradas y naturales, y que de perfil los pliegues resulten suaves y bien definidos. Una oreja sobrecorregida, pegada en exceso a la cabeza, se ve tan artificial como una oreja prominente. En un enfoque cuidadoso, la idea no es hacer desaparecer la oreja, sino devolverla a una posición natural.

¿A qué edad se realiza la otoplastia?

Es la pregunta que más plantean las familias, y la respuesta está en la biología del crecimiento de la oreja.

El cartílago auricular se desarrolla rápido en la primera infancia: hacia los 5 o 6 años ya se ha completado en torno al 85-90 % del tamaño del pabellón. Por eso el intervalo que suele proponerse para la otoplastia es de 5 a 7 años. Operar a esta edad tiene una doble lógica: como la mayor parte del crecimiento del cartílago ya ha terminado, el resultado se mantiene; y corregir antes de empezar el colegio, o en los primeros cursos, puede reducir de entrada la carga psicológica de las burlas.

Ahora bien, «5 a 7 años» es una tendencia, no una norma. La decisión se toma de forma individual, según cuánto le moleste al propio niño, si es capaz de colaborar y qué considere la familia. Que el niño se implique en el proceso importa mucho, porque influye directamente en que siga las indicaciones del vendaje y los cuidados posteriores.

En los adultos la situación es más flexible. No hay un límite superior de edad para la otoplastia. Puede hacerse a personas de 40, 50 o más años cuyo estado general sea apto para la cirugía. El cartílago adulto es más rígido y menos elástico que el infantil, así que a veces la técnica se adapta a esa diferencia, pero eso no es ningún impedimento. Muchas personas que no tuvieron la oportunidad de niños se operan siendo ya adultas.

¿Se pueden corregir las orejas prominentes sin cirugía?

Aquí conviene separar dos escenarios completamente distintos, porque en internet se confunden a menudo.

El moldeado en el recién nacido: en los bebés, por efecto de los estrógenos maternos, el cartílago de la oreja está en las primeras semanas extraordinariamente blando y moldeable. En esa ventana —empezando sobre todo en los primeros 1 a 3 semanas— unos moldes auriculares especiales pueden guiar suavemente el cartílago y, en algunas deformidades leves o moderadas, lograr que se corrija sin necesidad de operar. El molde suele mantenerse puesto varias semanas. Que este método funcione depende por completo del momento: en cuanto el cartílago empieza a endurecerse (por lo general a partir de la sexta semana) su eficacia cae en picado. Por eso, si se aprecia una asimetría marcada en la oreja de un bebé, conviene consultar sin demora.

Los métodos «con hilo o esparadrapo» en niños mayores y adultos: circulan por el mercado adhesivos, tiras o técnicas de «corrección con hilo sin cirugía» que acercan temporalmente la oreja a la cabeza. Estos métodos no remodelan el cartílago de forma permanente; una vez que la oreja se ha endurecido, ningún molde ni tira aplicados desde fuera consiguen una corrección estable. Su efecto es pasajero y, al retirarlos, la oreja vuelve a su posición anterior. Las técnicas «cerradas» o «con puntos», que debilitan el cartílago desde dentro con una aguja y lo fijan con suturas de suspensión, no son en realidad métodos sin cirugía, sino procedimientos quirúrgicos mínimamente invasivos; los tratamos más abajo, en el apartado de técnicas.

En resumen: en el recién nacido el moldeado precoz es una opción real; pasados los primeros meses, la corrección duradera exige cirugía.

¿Quién es buen candidato y en qué casos conviene esperar?

En términos generales, el perfil apto para una otoplastia es este:

  • Personas que han completado en gran medida el desarrollo de la oreja (casi siempre a partir de los 5 años).
  • Quien se siente incómodo con el aspecto de sus orejas; en los niños, es importante que la decisión refleje el deseo del propio niño más que el de la familia.
  • Quien está en condiciones generales aptas para la cirugía y la anestesia.
  • Quien tiene expectativas realistas: el objetivo no es una «simetría perfecta», sino un aspecto equilibrado y natural.

En cambio, en las siguientes situaciones la cirugía se aplaza o requiere primero otro paso:

  • Infección activa o eczema alrededor de la oreja: por el riesgo para la cicatrización y de infección del cartílago, primero se espera a que la piel esté sana.
  • Enfermedades sistémicas no controladas y trastornos de la coagulación: deben regularse con la especialidad correspondiente.
  • Antecedentes de cicatrices queloides o hipertróficas: en quien tiene tendencia marcada a cicatrizar mal, la cicatriz retroauricular exige atención e información adicionales.
  • Tabaquismo: como altera el riego de los tejidos y la cicatrización, se pide dejarlo en torno a la fecha de la intervención.
  • Un niño demasiado pequeño para colaborar o que no está preparado para el proceso: en ese caso puede ser más sensato esperar unos años.

Esta lista es orientativa; la decisión sobre si alguien es buen candidato se toma siempre de forma individual, tras la exploración y la valoración del médico.

La consulta y la planificación: ¿qué se valora?

En la primera visita, el médico examina las orejas de frente, de perfil y por detrás. La idea es identificar uno a uno los componentes que contribuyen al aspecto prominente: ¿el problema viene de un antihélix poco marcado, de la profundidad de la concha o de un lóbulo despegado? Se miden la distancia y las diferencias de simetría entre ambas orejas, porque en la mayoría de las personas las orejas difieren un poco entre sí y el plan se ajusta a ello.

La firmeza y la elasticidad del cartílago se valoran con la palpación, y eso determina qué técnica cobra protagonismo. En los niños se tiene en cuenta la fase de crecimiento; en los adultos, la calidad de la piel y si ha habido intervenciones previas en la oreja. También se hablan los fármacos que se toman y los suplementos con efecto anticoagulante (aspirina, omega-3, dosis altas de vitamina E, entre otros); algunos de ellos pueden tener que suspenderse alrededor de una semana antes, siempre con conocimiento del médico.

En esta fase se decide además qué anestesia se empleará. En adultos y niños mayores capaces de colaborar suele bastar con anestesia local (con sedación ligera si hace falta); en niños pequeños y cuando la anestesia local no es adecuada, se prefiere la anestesia general.

Técnicas de otoplastia

En otoplastia no existe una única «operación estándar». Según qué componente de la oreja sea el problemático, se usan distintas técnicas, solas o combinadas. En el fondo hay dos filosofías: doblar el cartílago con puntos o adelgazarlo y rasparlo para forzar la nueva forma. En la práctica moderna, lo más habitual es combinar ambas.

Técnicas de sutura (sin cortar ni debilitar el cartílago)

Se accede al cartílago por detrás de la oreja y se le da un nuevo pliegue con suturas permanentes. Las dos técnicas de sutura más conocidas son:

  • Puntos que crean el antihélix (tipo Mustardé): suturas colocadas en el cartílago para reconstruir el pliegue medio que falta. Acercan la mitad superior de la oreja a la cabeza con un plegado suave.
  • Puntos que retraen la concha (tipo Furnas): fijan la concha profunda hacia el periostio de detrás, acercando toda la oreja a la cabeza.

Como estas técnicas no cortan el cartílago, el pliegue resulta más suave; a cambio, que el punto se afloje o se rompa con el tiempo es una de las principales causas de recidiva.

Técnicas de adelgazamiento o raspado del cartílago

En este enfoque se adelgaza o se raspa con una lima la cara anterior del cartílago; el cartílago tiende entonces a curvarse de manera natural en sentido contrario al raspado. Sobre todo en adultos con el cartílago rígido, los puntos por sí solos pueden no bastar, y el adelgazamiento ayuda a que el pliegue se asiente de forma más estable. Aquí el equilibrio importa, porque un adelgazamiento excesivo puede dejar bordes marcados y de aspecto artificial.

Técnica combinada

Es lo que más se hace en la práctica: la concha se retrae con puntos, el antihélix se forma con raspado y sutura a la vez y, si hace falta, se corrige aparte el lóbulo. Así se busca a la vez un aspecto suave y un resultado más duradero.

Otoplastia sin incisión (cerrada)

En algunos pacientes seleccionados, sin abrir la piel, se debilita la cara anterior del cartílago con una aguja y se acerca la oreja a la cabeza con suturas pasadas por debajo de la piel. Su ventaja es que no deja incisión visible; sin embargo, no sirve para cualquier oreja, puede quedarse corta cuando el cartílago es muy prominente y rígido, y la probabilidad de recidiva ligada a los puntos puede ser algo mayor. Que sea adecuada o no se valora en la consulta.

Comparativa de técnicas

Técnica de sutura Adelgazamiento del cartílago Combinada Sin incisión (cerrada)
Cómo funciona Da el pliegue con suturas permanentes Adelgaza el cartílago y lo dobla Sutura y adelgazamiento juntos Debilitamiento con aguja y punto subcutáneo
Cuándo es adecuada Cartílago blando, apertura leve o moderada Cartílago rígido, apertura marcada La mayoría de los casos (la más frecuente) Casos seleccionados, con cartílago apto
Visibilidad Incisión oculta tras la oreja Incisión oculta tras la oreja Incisión oculta tras la oreja Sin incisión visible
Aspecto Muy suave y natural Pliegue marcado y estable Equilibrado Natural, pero con indicación limitada
En cuanto a la recidiva Puede reaparecer si el punto se afloja Relativamente duradera Baja Puede ser algo más alta

Qué técnica o combinación se elige lo decide el médico según la firmeza del cartílago, el grado de apertura y cuál de los componentes anatómicos predomina. Incluso en dos orejas que parecen iguales el plan puede ser distinto.

El día de la intervención: ¿qué ocurre paso a paso?

Aunque varía según el tipo de anestesia, la intervención suele durar entre 1 y 2 horas, y se operan las dos orejas en la misma sesión. La duración depende de la técnica empleada y de la anatomía de la oreja.

Si está prevista anestesia general (sobre todo en niños), se pide un ayuno determinado, y el anestesista hace además su propia valoración antes del procedimiento. Durante la cirugía se realiza la incisión en el surco natural de detrás de la oreja, se da forma al cartílago con la técnica planificada, se colocan los puntos y se cierra la piel. Como la incisión queda por detrás, una vez cicatrizada no es esperable que la note quien mira de frente.

Al terminar se coloca alrededor de la cabeza un vendaje de ligera compresión que protege las orejas y las mantiene en la nueva posición. La otoplastia suele hacerse de forma ambulatoria; la mayoría de los pacientes vuelve a casa el mismo día, tras un periodo de observación. En los niños se pide que regresen acompañados de un familiar y una vigilancia estrecha la primera noche.

La recuperación semana a semana

El siguiente calendario corresponde a una otoplastia típica. Cada paciente evoluciona de forma distinta, y las indicaciones de su propio médico tienen siempre prioridad.

Primeros 3 a 5 días. Es la etapa más delicada. Puede haber hinchazón, hematomas y un dolor leve o moderado, tipo latido; ese dolor suele controlarse con analgésicos sencillos. El vendaje de la cabeza permanece puesto todo el tiempo y no debe mojarse. Mantener la cabeza algo elevada, por encima del nivel del corazón (una almohada de más al dormir), ayuda a reducir la hinchazón.

Del 5.º al 7.º día. La primera revisión suele hacerse en esta franja; se retira el vendaje voluminoso y, en la mayoría de los protocolos, se pasa a una cinta o banda para la cabeza (tipo banda de tenista) que se lleva sobre todo por la noche. Esa banda evita que la oreja se doble hacia adelante sin querer durante el sueño y que se fuercen los puntos. Muchos adultos, y quienes tienen un trabajo de oficina, pueden reincorporarse en estos días; lo decide el médico.

Semanas 1 a 2. Si los puntos superficiales son reabsorbibles, desaparecen solos; si no, se retiran en este periodo. La mayor parte de los hematomas se aclara. Los niños suelen volver al colegio ahora, aunque se evitan los juegos de pelota, la lucha y cualquier actividad con riesgo de golpe en la oreja. Sobre el lavado del pelo damos indicaciones aparte más abajo.

Semanas 2 a 6. En la mayoría de los protocolos la banda para la cabeza se mantiene de noche durante 4 a 6 semanas; es uno de los pasos más descuidados, pero de los más importantes para conservar el resultado. Se retoma la actividad diaria ligera. La natación y los deportes de contacto o colisión todavía no son adecuados en esta etapa.

Semanas 6 a 8 y en adelante. El tejido de la oreja se afianza de forma clara. Volver a nadar y a los deportes de contacto suele ser posible en esta etapa, con el visto bueno del médico. Los últimos restos de hinchazón se resuelven y la forma definitiva de la oreja empieza a asentarse; que el edema fino y los cambios de sensibilidad se normalicen del todo puede llevar varios meses.

¿Cuándo se vuelve al deporte y al colegio?

La vuelta al colegio y al trabajo de oficina es, en la mayoría de los pacientes, en torno a 1 semana. La actividad diaria ligera está permitida desde las primeras semanas. Sin embargo, para los deportes de contacto y colisión con riesgo de golpe en la oreja (fútbol, baloncesto, lucha, deportes de combate) y para la natación se esperan por lo general 6 a 8 semanas. Ese plazo hace falta para que los puntos y el nuevo pliegue se afiancen.

¿Cómo dormir y lavarse el pelo?

En las primeras semanas es importante dormir boca arriba y evitar apoyarse de lado sobre la oreja; si la oreja se dobla hacia adelante, los puntos pueden forzarse. La banda para la cabeza se lleva precisamente para esa protección durante el sueño. El lavado del pelo se aplaza hasta que se retire el vendaje voluminoso (por lo general, hasta la primera revisión); después, con permiso del médico, se permite lavarlo con agua tibia y con suavidad, sin frotar la oreja con fuerza. En esta fase inicial conviene no usar el secador en modo caliente ni muy cerca, por el riesgo de quemadura en una oreja cuya sensibilidad aún no se ha recuperado del todo.

Riesgos y posibles complicaciones

Aunque la otoplastia es un procedimiento de bajo riesgo y bien tolerado, como toda cirugía tiene sus propias complicaciones posibles. Conocerlas de antemano es la primera condición para no llevarse sorpresas:

  • Hematoma (acumulación de sangre): en la fase precoz, un dolor inesperado que aumenta y afecta a un solo lado bajo el vendaje es la señal de alarma más importante; como el hematoma puede comprometer la nutrición del cartílago, quizá haya que drenarlo pronto. El vendaje compresivo sirve para reducir ese riesgo.
  • Infección e inflamación del cartílago (condritis): es poco frecuente, pero se toma en serio por afectar al cartílago; ante enrojecimiento, calor, dolor y supuración crecientes hay que consultar sin demora.
  • Recidiva (que la oreja vuelva en parte a su posición anterior): puede ocurrir si el punto se afloja o si el propio cartílago, por su elasticidad, se vuelve a abrir; en algunos casos puede ser necesaria una intervención correctora.
  • Problemas con los puntos: las suturas permanentes pueden asomar a través de la piel (extrusión), formar un granuloma o palparse; entonces puede hacer falta retirarlas.
  • Asimetría: cierta diferencia entre ambas orejas es natural en todas las personas; si queda una diferencia marcada, puede plantearse un retoque.
  • Sobrecorrección y deformidad «en teléfono»: si la oreja se acerca demasiado a la cabeza, puede verse artificial; una tracción distinta en los extremos superior e inferior respecto a la parte media puede dar un aspecto en forma de «auricular de teléfono».
  • Cambios de sensibilidad: el entumecimiento o la hipersensibilidad de la oreja son frecuentes al principio y suelen mejorar con el tiempo; en un pequeño grupo pueden persistir.
  • Problemas de cicatriz: aunque la incisión se oculte detrás de la oreja, en personas predispuestas puede desarrollarse una cicatriz engrosada (hipertrófica) o queloide. No es correcto afirmar que «no queda cicatriz»; el objetivo es dejarla en el lugar más disimulado y de la forma menos visible posible.
  • Riesgos asociados a la anestesia: por eso, sobre todo en los niños que reciben anestesia general, la valoración por separado del anestesista es lo habitual.

La probabilidad de complicaciones varía según el estado general del paciente, el tabaquismo, la predisposición de los tejidos y la técnica. Todos estos riesgos se comentan de forma personalizada en la consulta previa y figuran en el consentimiento informado por escrito. Para más información sobre el cuidado a largo plazo de las cicatrices y el manejo de su evolución, puede consultar nuestra página específica.

¿El resultado es duradero? ¿Cuál es el riesgo de recidiva?

La corrección que aporta la otoplastia es de larga duración en la gran mayoría de los pacientes; el cartílago remodelado suele conservar su nueva posición. Aun así, no es realista afirmar que «no se volverá a abrir nunca». Sobre todo en las técnicas que dependen únicamente de la sutura, puede aparecer una recidiva parcial porque el punto se afloje con el tiempo o porque el cartílago, por su propia elasticidad, se abra un poco. La recidiva es más frecuente en los primeros meses, cuando se descuida el uso de la banda para la cabeza o la oreja recibe un golpe en esa etapa temprana.

Por eso, seguir las indicaciones de la recuperación influye directamente en la durabilidad del resultado: llevar la banda durante el tiempo recomendado, proteger la oreja en las primeras semanas y no volver pronto a los deportes de contacto son las medidas prácticas que más reducen la probabilidad de recidiva. Cuando hay una reapertura clara, es posible una intervención correctora (de revisión); esa valoración se hace una vez que los tejidos han cicatrizado por completo.

La proporción de la oreja dentro del conjunto de la cara cobra más sentido cuando se valora junto con el resto de aspectos estéticos; para el marco general del rejuvenecimiento facial y de otros procedimientos de esta zona puede echar un vistazo a las páginas correspondientes. Las diferencias congénitas más amplias del desarrollo de la oreja y la cara pertenecen, en cambio, a un ámbito distinto de reconstrucción. La cirugía de las orejas prominentes es solo uno de los procedimientos dentro del apartado de cirugía estética de nuestra clínica; puede consultar también las demás intervenciones.

Preguntas frecuentes sobre Cirugia de Oreja

Como la mayor parte del desarrollo de la oreja se completa hacia los 5 o 6 años, el intervalo que suele proponerse es de 5 a 7 años; así también se puede corregir antes de empezar el colegio. No es una edad obligatoria: la decisión se toma de forma individual, según el deseo y la colaboración del niño.
No. Puede realizarse a adultos de cualquier edad cuyo estado general sea apto para la cirugía y la anestesia. Como el cartílago adulto es más rígido, la técnica se adapta a ello, pero eso no supone ningún impedimento.
En los recién nacidos, los moldes auriculares especiales aplicados en las primeras semanas pueden corregir algunos casos leves o moderados sin cirugía, mientras el cartílago está aún muy blando. Una vez que la oreja se ha endurecido (en niños mayores y adultos), el efecto de las tiras, adhesivos y métodos «con hilo» aplicados desde fuera es pasajero; la corrección duradera exige cirugía.
Suele durar entre 1 y 2 horas y se operan las dos orejas en la misma sesión. La duración varía según la técnica empleada y la anatomía de la oreja.
La vuelta al colegio y al trabajo de oficina es, por lo general, en torno a 1 semana. Para la natación y los deportes de contacto con riesgo de golpe en la oreja se esperan normalmente entre 6 y 8 semanas.
El resultado es duradero en la mayoría de los pacientes, aunque puede haber una recidiva parcial; la causa más frecuente es que el punto se afloje o que la oreja no se proteja en la fase temprana. Seguir el uso de la banda para la cabeza y proteger la oreja las primeras semanas reduce esa probabilidad. Ante una reapertura clara, es posible una intervención correctora.
En las primeras semanas se recomienda dormir boca arriba y evitar apoyarse de lado sobre la oreja; la banda para la cabeza la protege durante el sueño. El lavado del pelo se aplaza hasta que se retire el vendaje; después, con permiso del médico, se hace con agua tibia y con suavidad, sin frotar la oreja.
En adultos y niños mayores capaces de colaborar se emplea sobre todo anestesia local (con sedación si hace falta); en niños pequeños, anestesia general. El dolor tras la cirugía suele ser leve o moderado y se controla con analgésicos sencillos; en los primeros días predominan más la sensación de tirantez y presión.
La incisión se esconde en el surco natural de detrás de la oreja, así que no es esperable que la note quien mira de frente. Aun así, la cicatriz no desaparece del todo y la cicatrización varía de una persona a otra; en quien tiene tendencia a las cicatrices queloides o hipertróficas puede ser más visible.
Sí. Si el aspecto prominente afecta solo a un lado, puede operarse únicamente esa oreja. No obstante, para lograr equilibrio entre ambas, a veces el médico propone pequeños ajustes también en la otra; eso se valora en la consulta.
Los fármacos y suplementos anticoagulantes se regulan de antemano con conocimiento del médico, se deja el tabaco en torno a la fecha de la intervención y, si hay infección o eczema activos alrededor de la oreja, primero se tratan. Si está prevista anestesia general, se respeta el ayuno indicado. Todos estos preparativos se explican de forma personalizada en la consulta. Las orejas prominentes parecen a menudo una simple cuestión de imagen; sin embargo, teniendo en cuenta el efecto sobre la autoimagen que empieza en la infancia, abordarlas en el momento y con la técnica adecuados marca una diferencia real. El primer paso no es decidir por internet, sino que la anatomía de la oreja se valore en la consulta: qué componente predomina, qué técnica es la adecuada y qué expectativa es realista solo se aclara con esa valoración. Cada decisión es suya —en los niños, de la familia y del niño— junto con la exploración y la valoración del médico.

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