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Cirugía de Abdominoplastia

30.03.2019 11.07.2026 Prof. Dr. Hayati AKBAŞ 22 min de lectura
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Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Autor
Prof. Dr. Hayati AKBAŞ
Especialista en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.

Prof. Dr. Hayati AKBAŞ tiene muchos estudios científicos, artículos publicados en revistas científicas nacionales e internacionales, y muchos estudios científicos se presentan en congresos nacionales...

La abdominoplastia va mucho más allá de “retirar la piel que cuelga”, aunque su nombre popular lo sugiera. En realidad suele resolver tres problemas en un mismo acto quirúrgico: elimina el exceso de piel y grasa del abdomen inferior, vuelve a aproximar con suturas los músculos abdominales que se han separado por el embarazo o por cambios rápidos de peso y, cuando hace falta afinar el contorno, incorpora también la lipoaspiración. Por eso es una cirugía reparadora más amplia de lo que muchas pacientes imaginan.

El grupo que con más frecuencia consulta por esta intervención son mujeres que, tras el embarazo y el parto, no logran recuperar la forma del abdomen con dieta y ejercicio. En muchas queda una piel laxa alrededor del ombligo, estrías y un abdomen que se proyecta hacia delante; ese abultamiento no suele deberse a la grasa, sino a la pared muscular que se ha abierto por el centro. Por mucho ejercicio que se haga, el músculo separado no vuelve a unirse por sí solo. Ahí está, justamente, lo que distingue a la abdominoplastia de otros procedimientos.

En esta guía abordamos la intervención desde todos sus ángulos: la diferencia entre la abdominoplastia completa y la mini, qué significa reparar el músculo, cuándo entra en juego la lipoaspiración, cómo transcurre el día de la cirugía, un calendario de recuperación semana a semana, dónde queda la cicatriz y los riesgos que conviene hablar con honestidad. La idea es que llegue a la consulta con la información suficiente para hacerle a su cirujano las preguntas correctas.

Karın Estetiği

¿Qué es la abdominoplastia?

La abdominoplastia es una intervención quirúrgica en la que se retira el exceso de piel y grasa del abdomen inferior y se tensa la pared abdominal que se ha aflojado. No es un método para adelgazar; su objetivo no es reducir peso, sino reorganizar el tejido descolgado y laxo.

La cirugía tiene tres componentes, y la medida en que se aplica cada uno varía de una paciente a otra:

  • Retirada del exceso de piel y grasa. Se elimina la piel que se ha acumulado por debajo del ombligo y ha perdido elasticidad, junto con la grasa que la acompaña. Buena parte de las estrías del abdomen inferior se retiran con esa piel.
  • Reparación de los músculos abdominales. Los músculos rectos del abdomen, separados por el centro, se vuelven a aproximar a la línea media con suturas. Este paso es el que realmente aplana el vientre y el que separa a la abdominoplastia de una simple operación de piel.
  • Definición de la nueva forma. La piel restante se tensa hacia abajo, el ombligo se reubica en su nueva posición y el abdomen se redibuja.

La diferencia entre la abdominoplastia y la liposucción se confunde a menudo. La liposucción solo retira grasa: no tensa la piel ni repara el músculo separado. En una paciente joven, con piel firme y un exceso de grasa localizado, la lipoaspiración por sí sola puede bastar; pero si hay piel descolgada y separación muscular, la liposucción no resuelve esos problemas. Con frecuencia ambos procedimientos se realizan juntos, en el mismo acto quirúrgico, una combinación que detallamos más adelante.

¿Qué es la separación de los músculos (diástasis de rectos)?

En la parte delantera del abdomen hay dos bandas musculares planas que van de las costillas al pubis; son los músculos que la gente asocia con el “abdomen marcado”. Normalmente esas dos bandas se mantienen cerca, unidas en el centro por un tejido conjuntivo fino. El útero que crece durante el embarazo, un aumento de peso rápido y excesivo o ciertos factores estructurales de nacimiento empujan esos dos músculos hacia los lados y abren la distancia entre ellos. A esa situación se la llama diástasis de rectos.

Los músculos separados hacen que el abdomen se proyecte hacia delante. Ese abultamiento no desaparece ni en ayunas por la mañana, ni al meter la barriga; muchas mujeres, cuando dicen “adelgacé pero la barriga sigue ahí”, en realidad describen este cuadro. La separación muscular no es solo una cuestión estética: en grados avanzados puede contribuir al dolor lumbar, a alteraciones de la postura y a dificultades para soportar la presión dentro del abdomen.

La parte más valiosa de la abdominoplastia es reparar esa separación. Tras levantar la piel del abdomen, el cirujano aproxima de nuevo los dos músculos separados a la línea media con suturas permanentes; a esto se le llama plicatura muscular. Sin completar ese paso, ninguna cantidad de piel retirada deja el vientre realmente plano. Como la dieta y el ejercicio no unen el músculo separado, en pacientes con una diástasis marcada el cierre solo es posible mediante la reparación quirúrgica.

¿Quién es buen candidato y quién no?

La abdominoplastia está indicada para personas que no han podido recuperar la forma del abdomen con dieta y ejercicio, cuyo estado general permite la cirugía y cuyas expectativas son realistas. El perfil habitual de candidata puede resumirse así:

  • Mujeres que, tras el embarazo y el parto, conservan piel laxa, estrías y separación muscular en el abdomen.
  • Personas a las que, tras una pérdida de peso importante, les queda un exceso de piel descolgada que ha perdido elasticidad.
  • Personas cercanas a su peso objetivo, con un peso estable desde hace un tiempo y capaces de mantenerlo.

También hay situaciones que aconsejan aplazar la intervención o cambian el plan, y conviene hablarlas con claridad:

  • Deseo de embarazo a corto plazo. La abdominoplastia no impide un embarazo; pero una nueva gestación puede volver a aflojar los músculos reparados y la piel tensada. En pacientes que planean tener hijos pronto, tiene más sentido dejar la cirugía para después de completar los embarazos, de cara a preservar el resultado.
  • Un objetivo de pérdida de peso todavía en curso. Como un cambio de peso importante volvería a alterar la forma del abdomen, planificar la operación después de acercarse al peso ideal y mantenerlo un tiempo ofrece un resultado más duradero.
  • Índice de masa corporal elevado. En la obesidad avanzada la abdominoplastia es a la vez más arriesgada y menos satisfactoria en cuanto al resultado; en estas pacientes se prioriza primero el manejo del peso.
  • Diabetes no controlada, trastornos de la coagulación, enfermedades cardiacas o pulmonares, infección activa y otros cuadros que aumentan el riesgo quirúrgico y anestésico.
  • Consumo de tabaco. No es una contraindicación absoluta; pero el tabaco altera de forma notable la circulación de la piel del abdomen, y la abdominoplastia es una de las cirugías que más exigen a esa circulación. Por eso se pide dejarlo al menos 3 o 4 semanas antes de la operación y no fumar durante al menos varias semanas después.

Gestionar las expectativas forma parte de la valoración. La abdominoplastia busca un abdomen más plano y firme; pero a nadie se le puede prometer un resultado “sin cicatriz” ni un resultado que no cambie con el tiempo. La cicatriz es permanente, el resultado se moldea según la estructura del tejido de cada persona y el cuerpo sigue viviendo con los años.

Consulta y planificación: cómo se toma la decisión

La primera consulta es tan determinante como la propia cirugía, porque allí se decide todo: abdominoplastia completa o mini, y si se añade o no lipoaspiración. El cirujano valora varias cosas a la vez: la cantidad de piel sobrante y dónde se concentra, la elasticidad de la piel y la distribución de las estrías, la posición del ombligo, la zona donde sobra grasa y, sobre todo, si existe separación en los músculos abdominales.

Para valorar la separación muscular a veces basta con una exploración sencilla: con la paciente tumbada boca arriba, al levantar ligeramente la cabeza se hace palpable la apertura del centro. Cuando es necesario precisar el grado de la separación o descartar una hernia en la pared abdominal, puede pedirse una ecografía. La presencia de una hernia umbilical cambia el plan, porque su reparación puede hacerse en el mismo acto quirúrgico.

El segundo pilar de la consulta es el estudio de salud. Los análisis de sangre y la valoración anestésica son estándar. Debe comunicar sin omisiones los medicamentos que toma —en especial los anticoagulantes, los que contienen hormonas y los suplementos de herbolario que use con regularidad—, ya que algunos se suspenden durante un tiempo antes de la cirugía. Mencione también cualquier operación abdominal previa y las cicatrices que tenga, incluida la de una cesárea, porque influyen en el trazado de la incisión.

Un punto importante: nada sustituye a la exploración física, ni una fotografía, ni una llamada telefónica, ni una búsqueda en internet. Un mismo “abdomen descolgado” puede esconder problemas distintos, y cada uno exige una técnica diferente. La decisión se construye en el punto donde el cirujano define lo que es anatómicamente posible y la paciente expresa lo que espera.

Opciones técnicas: completa, mini y combinaciones

La abdominoplastia no es un único procedimiento, sino una familia de técnicas que se ajusta al problema de cada paciente. La distinción principal es entre la completa y la mini; a eso se suman el alcance de la reparación muscular y la combinación con lipoaspiración.

Mini abdominoplastia Abdominoplastia completa
Cuándo está indicada Exceso de piel o grasa limitado solo por debajo del ombligo, laxitud leve Descolgamiento por encima y por debajo del ombligo, separación muscular marcada
Reparación muscular Solo en la zona bajo el ombligo, limitada A lo largo de toda la línea media, de las costillas al pubis
Ombligo Suele quedarse en su sitio Se remodela y se reubica en una nueva posición
Longitud de la incisión Más corta, por encima del pubis De cadera a cadera, en la línea de la ropa interior
Duración de la cirugía Por lo general 1 a 2 horas Por lo general 2 a 4 horas
Anestesia General (sedación en algunos casos) General
Recuperación Relativamente más rápida Más larga y gradual

Mini abdominoplastia

La mini abdominoplastia está indicada para un grupo limitado de pacientes cuyo problema se concentra solo por debajo del ombligo. La candidata típica tiene una laxitud leve de la piel bajo el ombligo y una pequeña cantidad de grasa sobrante, sin descolgamiento marcado por encima del ombligo, y con una separación muscular inexistente o limitada a la zona inferior.

En esta técnica la incisión es más corta y suele quedar cerca de la cicatriz de la cesárea, en una línea por encima del pubis. El ombligo, la mayoría de las veces, no se toca. Como el trabajo se limita al abdomen inferior, la recuperación es relativamente rápida. Ahora bien, su límite es claro: no arregla la zona por encima del ombligo ni tensa toda la pared abdominal. Por eso, aunque la idea de una “operación más pequeña” resulte atractiva, en una paciente cuyo problema no encaja, la mini se queda corta y no satisface. La técnica correcta no es la operación más pequeña, sino la que se ajusta a la anatomía de la paciente.

Abdominoplastia completa

La abdominoplastia completa es la solución habitual para los cambios amplios que aparecen tras el embarazo o tras una variación de peso importante. La incisión va de cadera a cadera y se planifica lo más baja posible, para que quede dentro de la línea de la ropa interior o del bikini. El cirujano levanta la piel del abdomen desde el ombligo hacia arriba, hasta las costillas; gracias a esa amplia apertura puede repararse el músculo a lo largo de toda la línea media.

Una vez suturados los músculos en la línea media, la piel sobrante se tira hacia abajo y se retira. Como la piel desciende, el ombligo se saca por una nueva abertura y se remodela; este es uno de los detalles técnicos que separan la completa de la mini. Buena parte de las estrías del abdomen inferior se retira con la piel eliminada; las estrías por encima del ombligo, en cambio, descienden pero no desaparecen del todo.

Combinación con liposucción

La abdominoplastia y la lipoaspiración se realizan a menudo en el mismo acto quirúrgico. La abdominoplastia resuelve el exceso de piel y la separación muscular; la liposucción, por su parte, afina los acúmulos de grasa localizados que la abdominoplastia no corrige directamente, en especial los flancos y las zonas laterales del abdomen. A ese enfoque conjunto, que redibuja todo el contorno abdominal, se le llama a veces “lipoabdominoplastia”.

La ventaja de la combinación es abordar en una sola cirugía tanto el descolgamiento como la grasa de los laterales. Pero cada procedimiento añadido amplía el alcance de la operación y aumenta la carga sobre la circulación del tejido; por eso, cuánta grasa se retira y cómo se equilibra con el tensado lo planifica el cirujano de manera que no comprometa la irrigación de la piel. La lipoaspiración no se añade en todas las pacientes: su necesidad se determina en la consulta.

Recuperación posparto (“mommy makeover”)

El embarazo y la lactancia no solo cambian el abdomen, también suelen modificar el pecho. Los planes combinados, en los que la abdominoplastia se realiza en el mismo acto que una elevación o un aumento de mamas, se conocen popularmente como “mommy makeover”. Este enfoque busca abordar varias zonas con una sola anestesia y un solo periodo de recuperación.

Las cirugías combinadas no son adecuadas para todo el mundo; a medida que se alarga el tiempo total, aumenta también la carga anestésica y de recuperación. Qué procedimientos pueden unirse se valora según el estado de salud de la paciente y la seguridad quirúrgica. Cómo abordar el pecho tras el parto es un tema aparte.

¿Cómo transcurre el día de la cirugía?

La abdominoplastia se realiza bajo anestesia general, en condiciones hospitalarias. Acude por la mañana en ayunas; el equipo de anestesia hace la última valoración y su cirujano completa el trazado de las incisiones y el plan sobre el abdomen mientras usted está de pie. Ese dibujo se hace en bipedestación, porque al tumbarse cambia por completo la distribución de la piel y del descolgamiento.

La duración de la cirugía, según la técnica y los procedimientos añadidos, suele estar entre 1 y 4 horas. Tras realizar la incisión, se levanta la piel, se reparan los músculos, se retira grasa cuando es necesario, se elimina la piel sobrante y se cierra con suturas. Al terminar es habitual colocar drenajes finos para evacuar el líquido que se acumula; estos drenajes reducen el edema y disminuyen el riesgo de acumulación de líquido (seroma). Para dar presión y sostén a la zona se aplica una faja o un vendaje elástico.

Al despertar es normal notar tensión y presión en el abdomen; como se ha reparado el músculo, esa tensión es especialmente marcada y dificulta erguirse los primeros días. Por eso las pacientes descansan en esos días en una posición ligeramente inclinada hacia delante desde la cintura, con las rodillas flexionadas; esta postura alivia la tensión en la línea de la incisión. En la mayoría de las pacientes el dolor se controla con analgésicos pautados de forma regular.

La estancia hospitalaria suele ser de una noche; puede alargarse en los casos más amplios y acortarse en las mini abdominoplastias limitadas. Para reducir el riesgo de que se formen coágulos en las piernas, al día siguiente de la operación se le pide empezar a caminar pronto, con apoyo y ligeramente inclinada hacia delante. Al recibir el alta debe haber alguien que la acompañe; no debe conducir los primeros días.

Calendario de recuperación semana a semana

El siguiente calendario es un marco general. El ritmo de recuperación de cada persona depende del alcance de la técnica, de si se añadió o no lipoaspiración y de la estructura de su propio tejido. Las autorizaciones concretas siempre las da su cirujano en las revisiones.

Primeras 72 horas. Es el periodo más delicado. Descansa en una posición ligeramente inclinada hacia delante desde la cintura, con las rodillas apoyadas; esa postura protege la línea de la incisión. Caminar a intervalos cortos, con apoyo, es la medida más sencilla para reducir el riesgo de coágulos. Los drenajes permanecen colocados estos días y se controla la cantidad de líquido que sale. La faja se usa de forma continua.

Primera semana. El edema y los hematomas están en su punto más visible; el aspecto del abdomen en esta etapa no refleja el resultado final. Los drenajes suelen retirarse cuando disminuye el líquido, por lo general dentro de la primera semana. El paso a la ducha se decide según la pauta de curas y la autorización de su cirujano. Puede que aún necesite mantenerse algo inclinada hacia delante, aunque cada vez menos.

Segunda semana. La mayoría de las pacientes ya se yergue mejor en esta etapa y empieza a cubrir sus necesidades diarias básicas sin ayuda. Buena parte de quienes tienen un trabajo de oficina puede reincorporarse cuando ya no necesita analgésicos; en los trabajos que exigen estar de pie o esfuerzo físico ese plazo se alarga. Los movimientos que fuerzan el abdomen, levantar peso y hacer esfuerzos siguen prohibidos.

Semanas 3 y 4. Se autorizan los paseos de ritmo suave. El uso de la faja continúa en esta etapa; el tiempo total de uso suele ser de varias semanas y varía según la indicación de su cirujano. El abdomen aún se siente tenso y es normal cierto adormecimiento alrededor del ombligo.

Sexta semana. En la mayoría de las pacientes empieza en esta etapa la vuelta gradual a deportes que no fuercen los músculos abdominales. Los abdominales, el levantamiento de peso y los ejercicios que trabajan directamente la pared abdominal suelen posponerse más tiempo —con frecuencia hasta la octava semana o más allá— para que la reparación muscular se consolide. La autorización para nadar y entrar en la piscina puede darse en esta etapa si la cicatrización ya se ha completado.

De 3 a 6 meses. El edema se resuelve en gran medida, el abdomen se ablanda y empieza a tomar su forma real. Los cambios de sensibilidad alrededor del ombligo se recuperan en parte o del todo durante este periodo; en algunas pacientes una pequeña zona puede quedar adormecida de forma permanente. La cicatriz empieza a desvanecerse de su aspecto rojo y marcado.

Mes 12. El aspecto más cercano al resultado definitivo, en cuanto a forma y cicatriz, se ve en esta etapa. En algunas pacientes la cicatriz tarda aún más en alcanzar su aspecto final. Las revisiones continúan a intervalos planificados a lo largo de todo este calendario.

Una nota práctica: el sol, durante los primeros meses, puede oscurecer la cicatriz de forma permanente. Aunque tenga autorización para bañarse en el mar, proteger la zona de la cicatriz al menos durante 6 meses con un protector solar de alta protección o con un bañador cerrado es importante para que se atenúe mejor.

¿Dónde queda la cicatriz y cuánto se nota?

La cicatriz es lo que más se pregunta sobre la abdominoplastia, y la respuesta honesta es esta: la cicatriz es permanente. Por la propia naturaleza de la cirugía hace falta una incisión para retirar el exceso de piel, y esa incisión deja una línea permanente. El objetivo no es hacer desaparecer la cicatriz, sino mantenerla lo más disimulada y fina posible.

En la abdominoplastia completa la cicatriz es una línea horizontal que va de cadera a cadera y se planifica lo más baja posible, para que quede dentro de la ropa interior o de la parte inferior del bikini. A ello se suma una cicatriz circular alrededor del ombligo. En la mini abdominoplastia la cicatriz es más corta y se limita a la zona por encima del pubis. Cuando es posible, la cicatriz de una cesárea previa se une a la nueva incisión para dejar una sola línea; esto es mejor que añadir una cicatriz aparte y se valora en la consulta.

La evolución de la cicatriz con el tiempo suele ser así: la línea, roja y algo abultada los primeros 2 o 3 meses, empieza a desvanecerse a partir del sexto mes y, en la mayoría de las pacientes, en 12 a 18 meses se convierte en una línea fina de color cercano al de la piel. La calidad final de la cicatriz depende de la estructura de la piel de cada persona, del consumo de tabaco y de los cuidados; no sería correcto afirmar que todo el mundo obtiene el mismo resultado. Medidas de apoyo como el gel o las tiras de silicona pueden influir de forma favorable en la cicatrización, y el cuidado de la cicatriz es un tema aparte.

Riesgos y complicaciones

Ninguna cirugía está libre de riesgos; como la abdominoplastia es una operación relativamente amplia, sus riesgos deben conocerse con claridad. Lo que sigue no aparece en la mayoría de las pacientes, pero puede aparecer, y la decisión de operarse debe tomarse con esta información.

Riesgos generales de la cirugía y de la cicatrización:

  • Acumulación de líquido (seroma): es la acumulación de líquido bajo la piel y uno de los problemas más frecuentes de la abdominoplastia. Los drenajes y la faja sirven para reducir este riesgo. A veces hay que vaciar el líquido acumulado con una aguja.
  • Sangrado y hematoma: acumulación de sangre en la zona operada; en ocasiones hay que evacuarla con una pequeña intervención.
  • Infección: se maneja con antibióticos y cuidado de la herida; rara vez requiere una intervención adicional.
  • Retraso en la cicatrización y pérdida de tejido: la cicatrización puede retrasarse en una parte de la línea de la incisión. Este riesgo es claramente mayor en quienes fuman, porque el tabaco altera la circulación de la piel.
  • Cambios de sensibilidad: el adormecimiento es frecuente en la zona bajo el ombligo y alrededor de él, y suele mejorar en unos meses; una pequeña zona puede quedar adormecida de forma permanente.
  • Cicatriz marcada o abultada (cicatriz hipertrófica o queloide): según la estructura de la piel de cada persona, la cicatriz puede desarrollarse más marcada de lo esperado.

Situaciones más propias de la abdominoplastia:

  • Problemas con el ombligo: alrededor del ombligo reubicado puede haber un problema de cicatrización o un cambio de forma.
  • Irregularidad o asimetría del contorno abdominal: puede haber ligeras diferencias entre ambos lados; si son evidentes, pueden requerir una corrección.
  • Exceso de piel en los extremos de la incisión (“orejas de perro”): en los extremos de la incisión pueden quedar pequeños pliegues de piel que, si hace falta, se corrigen con un procedimiento menor.

Riesgos ligados a la anestesia general y a la inmovilidad: como en toda cirugía mayor, existen los riesgos propios de la anestesia y la formación de coágulos en las venas de las piernas (trombosis venosa profunda). Que ese coágulo llegue al pulmón (embolia pulmonar) es una situación rara pero grave. Caminar pronto y con regularidad, junto con medidas anticoagulantes cuando se indican, sirve para reducir este riesgo.

Escribimos esta lista no para asustar, sino para incorporarla a su proceso de decisión. Una selección adecuada de la paciente, un equipo con experiencia y un seguimiento regular previenen la mayoría de estos riesgos o los detectan a tiempo. Aun así, ningún discurso que diga “no hay ningún riesgo” o “seguro que no habrá problemas” refleja la realidad.

Durabilidad y largo plazo: ¿se deshace el resultado?

Los resultados de la abdominoplastia son duraderos, pero el cuerpo sigue viviendo. La piel retirada no vuelve y los músculos reparados permanecen en su sitio; en ese sentido, la cirugía aporta un cambio duradero. En cambio, hay dos factores que pueden afectar al resultado con el tiempo: los cambios de peso importantes y un nuevo embarazo.

La estabilidad del peso es el factor más determinante. Ganar y perder mucho peso después de la cirugía puede deshacer el aspecto logrado, al provocar tanto nuevos acúmulos de grasa como que la piel vuelva a aflojarse. Conservar el resultado depende en gran medida de mantener el peso estable.

Un nuevo embarazo puede volver a separar los músculos reparados y aflojar de nuevo la piel tensada. La cirugía no impide un embarazo y haberse operado no impide, médicamente, una gestación sana; pero de cara al resultado tiene más sentido operarse cuando ya se ha completado el deseo de tener hijos. Si tras la cirugía se produce un embarazo inesperado, basta con comentarlo con el médico que la atiende.

El envejecimiento y la gravedad también dejan su huella con el tiempo; ninguna cirugía detiene esos procesos naturales. Aun así, la actividad regular, una alimentación equilibrada y un peso estable son los tres hábitos que más contribuyen a conservar el resultado durante muchos años. Para las pacientes que piensan el contorno del abdomen como un todo, conviene señalar que las caderas y la zona de la cintura son un tema aparte.

Preguntas frecuentes sobre Cirugía de Abdominoplastia

La liposucción solo retira la grasa localizada: no tensa la piel ni repara los músculos abdominales separados. La abdominoplastia, en cambio, elimina el exceso de piel, repara los músculos y redibuja el abdomen. En una paciente con piel firme y solo un exceso de grasa, la liposucción por sí sola puede bastar; si hay piel descolgada y separación muscular, hace falta la abdominoplastia. A menudo ambos procedimientos se realizan juntos en el mismo acto quirúrgico; cuál de los dos, o los dos, conviene lo decide la consulta.
Sí. Una de las partes más importantes de la abdominoplastia es volver a aproximar a la línea media, con suturas permanentes, los músculos rectos que se han separado por el centro. Como la dieta y el ejercicio no unen el músculo separado, en pacientes con una diástasis marcada el cierre solo es posible mediante la reparación quirúrgica. El alcance de esa reparación se determina en la consulta según el grado de la separación.
En la abdominoplastia completa la cicatriz es una línea horizontal que va de cadera a cadera, planificada lo más baja posible para que quede dentro de la ropa interior; además aparece una cicatriz circular alrededor del ombligo. En la mini abdominoplastia la cicatriz es más corta. La cicatriz es permanente, pero su aspecto rojo y marcado de los primeros meses se convierte, en la mayoría de las pacientes, en una línea fina y pálida en 12 a 18 meses. La calidad final depende de la estructura de la piel y de los cuidados.
En la mayoría de los casos, sí. El cirujano puede optar por llevar la cicatriz de la cesárea a la misma línea de la nueva incisión y unirlas en un solo trazo; esto es mejor que añadir una cicatriz aparte. Como la posición y el estado de la cicatriz de la cesárea influyen en el trazado de la incisión, es importante que lo mencione en la consulta.
La abdominoplastia no impide un embarazo ni impide, médicamente, una gestación sana. Sin embargo, un nuevo embarazo puede volver a separar los músculos reparados y aflojar de nuevo la piel tensada, con lo que el resultado puede deshacerse. Por eso, en pacientes que planean tener hijos pronto, tiene más sentido dejar la cirugía para después de completar los embarazos, de cara a preservar el resultado.
La piel retirada no vuelve y los músculos reparados permanecen en su sitio; en ese sentido el resultado es duradero. Pero ganar y perder mucho peso puede deshacer el aspecto logrado, al provocar tanto nuevos acúmulos de grasa como que la piel vuelva a aflojarse. Conservar el resultado depende en gran medida de mantener el peso estable.
Buena parte de quienes tienen un trabajo de oficina puede reincorporarse cuando ya no necesita analgésicos, por lo general dentro de la segunda semana. En los trabajos que exigen estar de pie o esfuerzo físico ese plazo se alarga. La autorización definitiva la da su cirujano según cómo avance su recuperación en la revisión.
Los paseos suaves suelen autorizarse a partir de la tercera o cuarta semana. Los ejercicios que trabajan directamente los músculos abdominales —abdominales, levantamiento de peso— suelen posponerse hasta la octava semana o más, para que la reparación muscular se consolide. La natación, si la cicatrización se ha completado, suele autorizarse a partir de la sexta semana. El calendario exacto lo determina su cirujano.
En los primeros días tras la cirugía es marcada la sensación de tensión y presión en el abdomen, sobre todo por la reparación muscular; esa sensación dificulta erguirse. El nivel de dolor varía de una persona a otra, pero en la mayoría de las pacientes se controla con analgésicos pautados de forma regular. Pasados los primeros días, el dolor disminuye poco a poco. No sería realista decir que no habrá ningún dolor.
No hay un límite de edad superior definido para la abdominoplastia; puede valorarse a cualquier adulto cuyo estado general de salud sea adecuado para la cirugía y la anestesia general. En las pacientes con planes de embarazo, más que la edad importa haber completado los partos. La idoneidad se determina caso por caso, en la consulta.
Los drenajes suelen retirarse cuando la cantidad de líquido disminuye lo suficiente, por lo general dentro de la primera semana. El uso de la faja es importante para reducir el edema y dar sostén al tejido; el tiempo total de uso suele ser de varias semanas y varía según la indicación de su cirujano.
No. La abdominoplastia reorganiza el exceso de piel y la pared muscular aflojada; su objetivo no es perder peso. Por la piel y la grasa que se retiran puede verse un pequeño cambio en la báscula, pero no es un procedimiento para adelgazar. El mejor resultado se obtiene cuando la paciente ha alcanzado su peso objetivo y lo mantiene. En definitiva, es una cirugía reparadora individualizada que aborda, dentro de un mismo plan, el exceso de piel, el músculo separado y la grasa localizada. La información de esta página tiene carácter general; si conviene una abdominoplastia completa, una mini o añadir lipoaspiración solo puede decidirse con una exploración presencial y la valoración del cirujano. Hablar sus dudas con un especialista en cirugía plástica en una consulta es el primer paso correcto.

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